Melchor, Gaspar y Baltasar llegaron ayer de Oriente pero para encontrarse con un panorama gélido que hizo sufrir a sus camellos, acostumbrados a temperaturas más cálidas de las que marcaron los termómetros en toda Castilla y León. Por ello, también los asistentes a sus Cabalgatas –algunas a punto de suspenderse por el tiempo– en pueblos y ciudades acudieron al encuentro forrados con abrigos y bufandas, aunque con idéntica ilusión por ver a sus Majestades, rodeados de personajes de cuento o circo, y a la caza de los kilos de caramelos que los Reyes Magos y sus comitivas lanzaron a grandes y pequeños. Para intentar dejarse ver al máximo por todos aquellos que lo desearan, ya en las horas de luz, los Magos hicieron algunas paradas. Visitaron así una residencia de mayores en Burgos y, tras su llegada en tren a la capital leonesa, en cuya estación les recibió una multitud de niños, se acercaron al Hospital del Bierzo, en Ponferrada. En Salamanca, hicieron un alto en el ayuntamiento para recoger una «llave mágica» que les facilitó después la entrada a las viviendas charras. Entre los coloridos desfiles de esta noche mágica, los de las capitales estuvieron entre los más concurridos, cada Cabalgata en su estilo. La imagen común de chicos, padres y abuelos compartiendo valla a la espera de conseguir que su rey mago favorito les saludase se repitió en ciudades como Soria (que salió con ponys, clubes y asociaciones de vecinos, entre otros muchos atractivos), Palencia –y su despliegue tematizado de Moby Dick– y Valladolid , entre copos de nieve, pavos reales y con más de medio millar de integrantes. Por Ávila , los Reyes, arropados por regalos, carbón y superhéroes, se pasearon a pie y en sus carrozas, con un cortejo de hasta quince de ellas, ocho a concurso y con toques solidarios. Burgos recurrió a la pirotecnia como distintivo y para abrir su Cabalgata, con una comitiva con una quincena de agrupaciones y más de 600 personas y seres fantásticos. Zamora dejaría su castillo de fuegos artificiales a modo de cierre a un recorrido en el que repartió 60.000 piruletas entre los niños y niñas de la ciudad. Los globos tuvieron una gran relevancia en León, donde formaron figuras de animales y estrellas polares para anunciar la llegada de Melchor, Gaspar y Baltasar. Mientras, en Salamanca se lanzaron 6.000 kilos de caramelos desde hasta nueve carrozas y la ciudad recurrió a animaciones y espectáculos de luz para acompañar a los bailarines de la comitiva. En el Nacimiento a los pies del Alcázar de Segovia dejarían sus Majestades oro, incienso y mirra antes de comenzar su recorrido, que –como ya es habitual– se desarrolló por la Ronda de Juan II a pie, antes de continuar en carrozas desde la plaza Mayor, con caramelos, golosinas y carbón dulce hasta llegar al Acueducto.