La derrota histórica de Orbán desata una gran fiesta en Budapest: "Es más importante que la transición a la democracia en 1989"
La celebración se alargó durante horas por toda la ciudad en una jornada histórica que muchos ciudadanos comparan con la transición a la democracia en 1989
Quién es Péter Magyar, el antiguo socio de Orbán que cambió de bando y será el próximo primer ministro de Hungría
Péter Magyar, con música épica a todo volumen y una bandera húngara al hombro, inicia el recorrido desde el hotel que le sirvió de base hasta el escenario a espaldas del Danubio y el Parlamento. Muchos lloran emocionados. Es el fin de la era Orbán. 10 minutos después, cuando acaba su discurso de victoria, se desatala la fiesta por toda la ciudad.
Un joven vestido de cebra corre por las vías del tranvía con los brazos extendidos como celebrando un gol y la gente intenta abrazarle. “Este momento es para mí incluso más importante que la transición en 1989”, dice.
La cebra se ha convertido en el gran símbolo de la desmesura del poder durante el reinado de Orbán. Medios locales publicaron y documentaron que junto al inmenso palacio secreto de Hatvanpusta —de 6.000 metros cuadrados—, propiedad del padre de Orbán sobre el papel, encontraron cebras y otros animáles exóticos como toros de la raza africana Ankole-Watusi. “Ahora somos cebras libres. Ya no somos las cebras de Orbán”.
Mientras tanto, decenas de personas trepan sobre la boca de metro y bailan encima. La música sigue a todo volumen. Los policías están desbordados. Intentan que la gente deje de subir, pero no pueden frenarlos, por lo que comienzan a grabar la escena.
“No sé si la cosa va a cambiar o no, porque Péter Magyar viene de Fidesz, pero esto es una fiesta”, dice un joven que acaba de bajar del edificio de la boca de metro. “En el comunismo no había libertad de expresión y esto era parecido. Hay que celebrar”.
Para muchos de ellos, lo importante no es Péter Magyar, sino la caída de Orbán. “Tengo 20 años y he vivido prácticamente toda mi vida bajo este régimen. Ahora solo espero vivir en una país libre. No en un país de propaganda”, dice Adam. “Magyar no es perfecto, pero es el único que podía ganarle. Espero que sea un buen líder”.
Emma ha acudido con toda su familia. “Mi abuela, mi madre... todos estamos aquí”, dice. La joven se saca del bolsillo un busto de Orbán como si fuera un emperador romano y le muerde la cabeza. “Nuestro país era terrible. Si eres, gitano, gay o pobre, no puedes prosperar. Es un dictador. ¡Era un dictador!”. Emma señala que son “las elecciones más importantes” de su vida y sobre Magyar, afirma: “No sabemos cómo será, pero ha podido darnos esperanza. Tenemos que darle una oportunidad”.
Un poco más adelante, una decena de jóvenes salta sobre una camioneta destartalada mal pintada con spray con los colores de la bandera de Hungría. La camioneta, parece, salta con ellos. No es un vehículo cualquiera, es la camioneta con la que el equipo de Tisza recorrió buena parte del país. La parte de la carga se convertía en atril en cada parada.
Los más mayores también bailan al son de la música. “No será fácil, pero la vida es esto: libertad”, dice un matrimonio.
Lejos del epicentro de la celebración, la fiesta continúa. El puente de las cadenas, iluminado con el verde blanco y rojo, está cortado al tráfico, pero a los coches no parece importarles demasiado. Dan vueltas a la rotonda tocando el cláxon y sacando el brazo por la ventanilla.
“Se debería centrar en recuperar la democracia. Es bastante de derechas, pero comparado con Orbán es de centro. Dice que cualquiera puede amar a quien quiera y propone algunas medidas sociales”, dice Peter, que ondea la bandera pirata de One Piece, convertida en símbolo de las revoluciones de la Generación Z. “La Generación Z la ha sacado en las protestas de Nepal, Indonesia, Bulgaria... Y ahora nosotros hemos expulsado aquí a una élite corrupta”, añade mientras cruza el icónico puente de la capital.
La celebración se extiende durante kilómetros. Algunos instalan sus altavoces y organizan pequeños núcleos festivos. Muchos bares están repletos de gente celebrando y en algunas tiendas de comestibles hay colas que llegan hasta la calle para comprar cerveza y seguir celebrando. En cualquier calle, los coches siguen tocando el claxon.
Magyar ha obtenido 138 diputados en el Parlamento de 199 escaños, lo que le confiere una mayoría cualificada de dos tercios, que muchos analistas consideraban fundamental para poder revertir las reformas y múltiples enmiendas constitucionales de Orbán, que llevaba 16 años gobernando el país con esa supermayoría.