Óscar López no es querido en Madrid
Al igual que, históricamente, Cádiz ha sido la provincia más beligerante del PSOE andaluz, la federación madrileña es la que más conflictos internos ha protagonizado. Madrid es la comunidad que alberga las Cortes Generales, la capital del Estado, la mayor actividad económica y financiera y más de siete millones de habitantes, por lo que todo lo que ocurre en la política madrileña tiene repercusiones nacionales.
La calle Ferraz está en pleno corazón de la capital y la tentación de intervenir en la estructura socialista local siempre ha sido difícil de vencer. Pedro Sánchez, que es militante de la agrupación de Tetuán, uno de los 21 distritos de la Villa de Madrid, desde el momento de su elección como secretario general, tuvo clara su decisión de controlar internamente cualquier movimiento.
Este modelo de colonización comenzó en Madrid, pero lo fue extendiendo a todos los territorios. Se fueron evitando los debates políticos siendo sustituidos por el mantra de que quien cuestione alguna decisión del líder es un peón de la derecha política.
Colocó a su equipo más cercano en los puestos claves de las direcciones regionales, en las listas al Congreso y al Senado y al frente de las federaciones y las candidaturas autonómicas.
Pilar Alegría, Diana Morant, María Jesús Montero y Óscar López son buenos ejemplos de cómo el Consejo de Ministros se hace con el poder orgánico. No son los primeros, con Reyes Maroto hizo lo mismo y hoy controla el PSOE en la ciudad de Madrid, contribuyendo como nadie a la irrelevancia social de la organización.
Pero las circunstancias han cambiado. Los diputados nacionales temen el momento electoral porque saben que habrá menos huecos con sillón asegurado, los que están en los parlamentos autonómicos, que ya han visto lo sucedido en Extremadura y Aragón, esperan con preocupación la catástrofe que se mastica en Andalucía y hacen cábalas sobre su futuro particular.
El hecho de que Montero retenga su escaño en el Congreso es un indicador de que las cosas van a ir mal y no está dispuesta a pasar por el desierto de 4 años en la oposición a Juanma Moreno.
También han sacado la conclusión del resultado en Castilla y León, cuanto mayor es la cercanía política del candidato a la presidencia autonómica con Pedro Sánchez, mayor es el castigo.
Si Alegría y Montero son personas de máxima confianza del presidente, López y Morant no lo son menos, por lo que se ha empezado a fraguar la opinión entre los mandos intermedios de que no pueden ser los cabezas de lista.
En Madrid con mayor intensidad. Óscar López llegó impuesto, pero con recelo por su currículum repleto de fracasos electorales, en Castilla y León fue candidato y su fracaso aún resuena, dirigió la campaña que terminó con la dimisión de Alfredo Pérez Rubalcaba y su nombre va unido a la decadencia electoral del PSOE.
Los socialistas madrileños saben que se enfrentan a Isabel Díaz Ayuso y a José Luis Martínez-Almeida que, con perfiles distintos, se han consolidado en sus responsabilidades y son imbatibles hoy en día.
Por la izquierda, el fenómeno puede ser distinto a lo que hemos visto en las últimas elecciones y, si Mónica García vuelve a encabezar la candidatura, puede frenar la fuga de votos al PSOE, e incluso obligarle a competir por la segunda plaza.
Con este panorama, han empezado a sonar nombres como sustitutos, además, por los mentideros ha corrido como la pólvora que Ferraz estaría dispuesto a poner otro candidato siempre y cuando Óscar López siga controlando el partido.
Sánchez está en el tramo final de su carrera política y esto lo sabe el Partido Socialista. Las promesas vehementes de nuevos éxitos a cuento de la posición internacional de enfrentamiento a Donald Trump y Benjamin Netanyahu, no convencen a los que se juegan su futuro político, han entendido que su supervivencia no puede estar en manos de las decisiones de Sánchez.
Después de 12 años con Sánchez al frente del Partido Socialista, también tienen claro que todo lo que se diseña tiene como única finalidad su permanencia en la Moncloa y que el resto de gobiernos en juego no son la prioridad y, si es preciso sacrificarlos, lo hará.
Sánchez se resiste a convocar elecciones porque necesita que primero se celebren las autonómicas y municipales y el electorado decepcionado se desahogue, para intentar recuperar una parte después.