La primera vez que fui a disfrutar de una obra de teatro de verdad aluciné con 'Los cuernos de don Friolera' , de Valle-Inclán, en el Teatro Español de Madrid. Jamás olvidaré la magia y el esplendor de Antonio Garisa en el papel del teniente Astete (alias, don Friolera). Pues bien, lo acontecido esta semana en la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo supera, con todas las creces, al esperpento de don Ramón María y al teatro del absurdo de Pirandello. Absolutamente incomparable. La realidad de esta banda cutre y repugnante supera cualquier exageración, caricatura o ignominia. Ves la pinta del extodopoderoso Ábalos y lo flipas. Te fijas en las poses del tal Koldo y te dan arcadas. Escuchas...
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