La fragilidad que subyace al rigor: así vuelve «La casa de Bernarda Alba» al TNCH a 90 años del asesinato de García Lorca
El estreno de «La casa de Bernarda Alba» marcó el inicio de la temporada 2026 del Teatro Nacional Chileno (TNCH) en una apertura que combina conmemoración y relectura. Y es que a 90 años del asesinato de Federico García Lorca, el montaje dirigido por Rodrigo Pérez propone una mirada distinta sobre uno de los textos más emblemáticos del teatro universal.
Esto, a través de una relectura que se aleja de la figura tradicional de Bernarda como un personaje únicamente autoritario y represivo. En cambio, la presenta como una mujer que reacciona desde la desesperación, en una mirada que busca acercar la obra a sensibilidades contemporáneas.
“Bernarda ejerce este poder, esta dureza, y no porque ya sea dura necesariamente, sino porque está sobrepasada por unas circunstancias”, explicó el director. “Eso es súper distinto a todo lo que yo he visto, por lo menos, de la Bernarda”.
Una decisión interpretativa que, más que responder a una búsqueda activa, llegó como el acercamiento natural a una obra de estas dimensiones. De hecho, y según confidenció Pérez, la primera lectura del texto fue determinante para comprender que no debía abordarse desde el prejuicio, sino desde la observación de las relaciones afectivas que se despliegan entre los personajes.
“No se pone en cuestión el cariño hacia las hijas”, señaló. “Uno ve que se quieren entre ellas, que hay cariño. Y hay una sensación de que Bernarda, después de la muerte de su esposo, queda sin herramientas para funcionar. Ella está sobrepasada, y eso la lleva a recurrir a una estructura relacional que no necesariamente es propia, sino que es la que tiene a mano”.
Las actrices Roxana Naranjo, Carla Casali y Marcela Millie.
El resultado es una protagonista más humana, vulnerable y contradictoria, que se mueve en un universo marcado por la presión social y la necesidad de sobrevivir en un entorno hostil. Lectura que, para el director, conecta profundamente con experiencias totalmente reconocibles en la vida cotidiana.
“Lo particular abre una puerta para que uno entre a la obra de una manera distinta”, sostuvo. “No sé si nueva, pero por lo menos no es la esperada, no es la que uno deduce de la literatura”.
Desafío que tampoco resultaba menor. Esto, ya que «La casa de Bernarda Alba» es una de las obras más representadas del repertorio teatral en lengua española, con innumerables versiones en distintos países y contextos culturales, incluso una histórica montada en 1960 por el TNCH. «Por eso es que el trabajo de puesta en escena tuvo que ver con encontrar desde qué lugar montamos esta obra”, manifestó Pérez.
Lo anterior, sin contar que, además, se trata de un montaje que vuelve a las tablas universitarias a noventa años de la muerte de Lorca. «No nos gusta hablar de ‘la muerte’ de Federico García Lorca, sino de asesinato, porque marca una diferencia bien importante», recalcó el dramaturgo. «Al partir la guerra civil española fue fusilado, asesinado por la fuerza fascista. Y es un lugar que a mí me parece que políticamente es importante destacar».
Montaje de «La casa de Bernarda Alba» en el TNCH el año 1960.
Una tragedia que avanza en silencio
Uno de los elementos centrales del montaje es el uso del humor como contrapunto dramático. Momentos de liviandad que terminan siendo fundamentales para que la tragedia final tenga mayor impacto.
“Me basé en un principio, que es que la tragedia es una maquinaria que se echa a andar por debajo”, explicó el director. “Se echó a andar una maquinaria por debajo de las vidas de estas protagonistas y que ellas no son capaces de percibir. Uno como espectador puede intuirlo, pero también le cae como un balde de agua fría”.
De hecho, y a su juicio, uno de los errores más frecuentes en las puestas en escena es subrayar de manera excesiva el drama desde el inicio, anticipando el desenlace en lugar de permitir que se construya gradualmente. “El problema que he visto en montajes tiene que ver con que uno subraya el drama que va llevando a la tragedia”, dice. “Acá, nosotros hacemos una suerte de sordina por debajo que va acercándonos a la tragedia”.
Por eso es que el equipo artístico optó por mantener un ritmo narrativo que combina tensión y cotidianeidad, permitiendo que los personajes continúen con su vida mientras el conflicto se intensifica de manera silenciosa. “Para que la tragedia, el puñetazo que tiene que llegar, tenga efecto, tiene que haber momentos de liviandad en la vida”, afirmó el director. “Como cuando hay un accidente. Uno se rió hasta el minuto previo”.
Esa lógica también se expresa en decisiones formales del montaje. Una de las más significativas fue transformar en monólogo los diálogos entre las dos criadas presentes en el texto original. En esta versión, el personaje interpretado por la actriz Roxana Naranjo se convierte en una especie de narradora que mantiene informados tanto a los personajes como al público.
Elenco de «La casa de Bernarda Alba» en el TNCH.
“Pensé ‘ella es la portavoz del chisme‘, de lo que está pasando. Para adentro y hacia nosotros como espectadores”, explicó el director entre risas. Modificación que, aunque pequeña, permite establecer un vínculo directo con la audiencia y reforzar el carácter colectivo del relato.
Para Pérez, ese tipo de decisiones demuestra cómo el acto escénico puede revelar sentidos que no siempre son evidentes en la lectura del texto. «El acto escénico permite que pase este milagro”, afirmó. “Eso de que uno vea una cosa que en la primera lectura no vio”.
Más allá de los aspectos técnicos y narrativos, el director reconoce que su relación con la obra de García Lorca es también profundamente personal. Desde la infancia, el dramaturgo formó parte de su imaginario familiar, en gran medida por la influencia de su padre. “Mi papá no era español, pero se creía”, recordó con humor. “Y entonces siempre tuve a Lorca metido en la oreja”.
Esa cercanía temprana se tradujo en un vínculo duradero con la obra del autor andaluz. De hecho, una de sus primeras experiencias profesionales en el TNCH estuvo vinculada a otro texto del mismo dramaturgo. “No recuerdo si fue la primera o la segunda obra que hice, hace muchos años. Pero trabajé con ‘La zapatera prodigiosa‘, de Federico García Lorca”, contó.
Hoy, con una carrera extensa y experiencia en la puesta en escena de clásicos de la dramaturgia, Pérez explicó que la fuerza del teatro lorquiano radica en una combinación particular entre emoción y estructura, donde el componente afectivo precede a la racionalidad.
Las actrices Francisca Márquez y Claudia Di Girolamo.
“Hay un afecto que late por debajo en la obra completa de Federico García Lorca”, sostuvo. “No es que desde la estructura se llega al afecto, sino que hay un afecto que va por debajo de la estructura”. Ese enfoque, explicó, es el que permite comprender por qué los textos del autor siguen resonando en contextos históricos y culturales distintos, manteniendo su vigencia a lo largo del tiempo. “Hablan de elementos que van más allá de los personajes”, dice. “Hablan de la condición humana”.
Dicho todo lo anterior, el director igualmente expresó que la decisión de abrir la temporada 2026 con esta obra también tiene un significado institucional, pues considera que el TNCH representa un espacio fundamental dentro del ecosistema cultural del país no solo por su trayectoria, sino por su capacidad de resguardar una tradición artística.
“El Teatro Universitario es fundamental”, afirmó. “Es un lugar que ha logrado permanecer en el tiempo y ha logrado tener una historia de aproximación a las estéticas que van narrando a nuestro país”.
“Hay una institución que resguarda un patrimonio, no solamente escénico, sino también estético”, sostuvo. “Y eso tiene que ver con una manera de entender el país”.
Finalmente, el dramaturgo enfatizó en que el teatro no es solo una forma de expresión artística, sino también un espacio de reflexión colectiva sobre la sociedad y su identidad. En ese sentido, el escenario se convierte en un lugar donde se ponen en juego valores, tensiones y memorias compartidas.
“Las estéticas son éticas”, concluyó. “Finalmente, a través de ellas es que uno va entendiendo el pulso de una nación”.
El equipo de «La casa de Bernarda Alba» en el TNCH.
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