En ciclismo, la estabilidad tiene dos dimensiones claras: una mecánica y otra fisiológica. La primera tiene que ver con el gesto: cómo aplicamos la fuerza al pedal, cómo controlamos el tronco, cómo se transmite la energía desde la cadera hasta la biela
. La segunda, más relevante desde el punto de vista del rendimiento, tiene que ver con la
capacidad del sistema cardiovascular y metabólico para mantener un estado interno estable ante una carga determinada.
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