El golfista que juega el Master de Augusta con guardaespaldas: "Siento que van a matarme..."
La tensión y los nervios son propios del deporte de élite donde las competiciones son cada día más exigentes pero lo del golfista Gary Woodland (41) es otra historia.
El estadounidense sigue luchando contra una ansiedad severa que lo ha aquejado durante años. Woodland padece trastorno de estrés postraumático, lo que afecta gravemente su desempeño en el campo de golf. En el Abierto de Houston, hace unas semanas, donde consiguió su primera victoria en casi siete años, sufrió un ataque de ansiedad agudo en la segunda mitad del recorrido. En una rueda de prensa en Augusta, poco antes del inicio del torneo, declaró: "Jugué los últimos diez hoyos sintiendo que alguien intentaba matarme". A pesar de ello, ganó el torneo por cinco golpes.
Esta victoria le dio la oportunidad de regresar a Augusta lo que en su caso, supone un gran desafío. En el Masters, los espectadores se agolpan en los tees más que en casi cualquier otro torneo del mundo. Para Woodland, esto puede provocarle ansiedad. Él comenta: "No puedo controlarlo cuando me afecta". Y añade: "Podría ser un aficionado, un camarógrafo corriendo por ahí; cualquier movimiento inesperado a mis espaldas puede desencadenarla muy rápidamente".
Un guardaespaldas junto a cada hoyo
Una situación que le llevó a mantener largas conversaciones con el personal de seguridad de Augusta National antes de iniciarse el torneo. Y desde la organización se tomaron medidas. Ahora conoce la ubicación exacta de su guardaespaldas en cada hoyo. Woodland explica: "Para mí, todo es visual. Poder ver a alguien constantemente me recuerda que estoy a salvo".
El origen de su enfermedad se remonta a varios años atrás. En 2023, los médicos descubrieron una lesión en su cerebro que ejercía presión sobre la zona encargada de regular la ansiedad y el estrés. Woodland incluso tuvo que someterse a una cirugía. Antes de la operación, el golfista escribió cartas de despedida a sus tres hijos. Sobrevivió a la intervención, pero las consecuencias psicológicas persistieron. Durante mucho tiempo las sobrellevó en silencio; ahora habla abiertamente de ellas.
Hoy, Woodland ve su historia como un mensaje. "Espero que alguien que esté pasando por momentos difíciles vea a este hombre y piense: si él pudo hacerlo, yo también puedo".