El caos épico de Donald Trump
FIRMAS PRESS.- El presidente estadounidense, Donald Trump, se imagina más como un personaje sobrehumano de la saga Marvel que como un jefe de Estado. Esta hinchada autopercepción forma parte de su personalidad narcisista y transaccional, en la que “el Yo” suprime cualquier consideración hacia los otros que no incluya el beneficio personal para el magnate neoyorkino.
Estas inquietantes características ya estaban presentes desde sus tiempos como empresario y afloraron en la primera campaña presidencial de 2016, de la que salió victorioso contra la demócrata Hillary Clinton. En aquella época, se conocieron audios en los que, en presencia de otros hombres que le reían sus gracias, Trump se jactaba de que, por ser un tipo poderoso, podía “agarrar” a las mujeres por sus partes íntimas (él empleó un término grosero que no reproduciré en este texto) sin sufrir consecuencias. Se sentía impune entonces y continúa percibiéndolo así en su segundo mandato, trasladando la imagen impúdica con las mujeres a su relación con otras naciones, convencido de que también puede agarrarlas por donde quiera cuando se le antoje.
Aunque el republicano sedujo nuevamente a su base MAGA y a buena parte de votantes independientes bajo la premisa de “América Primero”, enfocado en el bienestar económico y la expulsión de inmigrantes, desde su retorno a la Casa Blanca se ha embalado con injerencias externas que parecen ser una expresión de su vocación de emperador. Lejos de situar a Trump en la realidad terrenal, sus asesores más cercanos alimentan su ego desmedido por medio de la adulación o, lo que es peor, callando incluso cuando tienen reservas sobre sus decisiones e impulsos.
Todo lo que ha acontecido desde el ataque contra Irán el pasado 28 de febrero, denominado “Furia Épica”, es la muestra más reciente del patrón de conducta del presidente. Podría decirse que habita una cámara insonorizada, a prueba de opiniones contrarias que pudieran frenar sus instintos más bajos, que suponen un riesgo global.
Por ello, merece la pena leer el artículo de Maggie Haberman y Jonathan Swan publicado en The New York Times el 7 de abril y titulado “Cómo Trump llevó a Estados Unidos a la guerra con Irán”, una crónica detallada que comienza con la reunión que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, sostuvo en la Casa Blanca con su homólogo estadounidense y parte de su gabinete.
Con una presentación de videos que impresionaron a Trump y una retórica convincente apoyada por datos del Mossad, el aparato de inteligencia de Israel, Netanyahu le “vendió” a su aliado norteamericano el plan de atacar al régimen de los ayatolás cuanto antes para “acabar” con su programa nuclear y, de paso, provocar un “cambio de régimen” que supuestamente la población civil encabezaría con éxito.
Valiéndose de fuentes dispuestas a filtrar el contenido de las sucesivas reuniones, los dos reporteros del NYT reconstruyen el proceso que ha culminado en un callejón sin salida para Washington, atrapado en declaraciones contradictorias que, en cuestión de horas, pasan de amenazas apocalípticas a anuncios de alto el fuego. El trabajo de investigación expone el deseo de complacer al mandatario estadounidense por encima del escepticismo que se respiraba en la “sala de crisis”.
Al cabo de más de un mes desde que estalló el conflicto, Irán controla el estrecho de Ormuz, por el que pasan un 20% del petróleo y un 21% del gas licuado del mundo. La teocracia iraní permanece en el poder y arrecia la represión.
Los Emiratos Árabes Unidos se han visto arrastrados a la guerra. Las democracias europeas, aliadas de Washington antes de la era Trump, se desmarcan de una guerra sobre la que Estados Unidos no ha consultado con nadie, despreciando a su propio Congreso y a alianzas como la OTAN.
Desde las gradas, China afila los dientes y Rusia se beneficia de las sanciones que Estados Unidos ha levantado a sus productos petrolíferos. El consenso es que Netanyahu arrastró a Trump a una aventura bélica que al gobierno de Israel le conviene dilatar y que ahora el republicano pretende finalizar rápido y mal.
En el reportaje del NYT se resalta la resistencia del vicepresidente estadounidense, JD Vance, muy de la cuerda aislacionista MAGA, incluso las dudas del general Dan Caine, quien no perdía de vista lo cuantioso que resultaría meterse en un avispero del que luego no fuera fácil salir.
En cuanto al secretario de Estado, Marco Rubio, el artículo remarca su naturaleza pragmática. Aparentemente, le señaló al presidente que, si la intención era un “cambio de régimen” o instigar una “revuelta”, no era recomendable secundar a Israel. En cambio, si se trataba de “destruir el programa de misiles de Irán”, pues adelante.
En la última reunión que tuvieron, el 26 de febrero, Trump dio luz verde a su “Operación Furia Épica”. Más de 40 días después, Teherán mantiene almacenado bajo tierra el uranio enriquecido y podría imponer tasas a los buques que están a la espera de atravesar el estrecho de Ormuz. Ya nadie habla de ese levantamiento civil que mágicamente iba a tumbar un régimen ferozmente represivo. El caos ha tomado proporciones épicas que afectan a todo el planeta.
A estas alturas, hasta los “ayatolás” del movimiento MAGA, como los agitadores ultraderechistas Tucker Carlson y Alex Jones, ponen el grito en el cielo por una guerra que consideran innecesaria, por no decir a todas luces ilegal, y que rompe con las promesas que se hicieron en la campaña electoral.
Mientras tanto, Trump oscila entre frases de cómic que prometen “aniquilar a una civilización entera” y treguas definitivas que solo él imagina desde un Despacho Oval donde sus más allegados asienten o enmudecen frente a su errático líder. En su filme a lo Marvel, los muertos y víctimas colaterales no tienen la menor importancia. Tampoco sabemos quiénes son los ganadores y perdedores de su aventurada superproducción MAGA.
Red X: ginamontaner
Gina Montaner es periodista y escritora. Desde hace más de cuatro décadas publica una columna semanal en el ‘Nuevo Herald’ y en diversos periódicos en América Latina. Su libro más reciente es ‘Deséenme un buen viaje. Memorias de una despedida’ (Planeta 2024).