La Maestranza también se abre por dentro cuando Sevilla empieza a latir. En una de esas mañanas de puertas abiertas, con colegios y universitarios descubriendo los adentros del coso del Baratillo, Juan Ortega aparece sin albero en las manoletinas, pero con el toreo en la mirada. Entre la curiosidad de los más jóvenes y el murmullo de quien empieza a entender la liturgia, el torero nacido en Triana enseña sus nuevos vestidos y el capote de paseo como quien comparte algo más que una prenda: una forma de sentir. Hay en ese gesto algo de aquel niño que soñaba tocando bordados, y mucho del torero que hoy se sabe en vísperas de Sevilla. La Feria ya asoma. Y Ortega la...
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