Líbano e Israel dirimirán en Washington su propia tregua
La presión del presidente estadounidense, Donald Trump, permitió el jueves que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se avenga a reunirse con representantes libaneses a fin de extender un alto el fuego al país de los cedros. A pesar de que el líder israelí ha dejado claro que sus fuerzas continúan, y lo seguirán haciendo, golpeando a Hizbulá en todo Líbano -hoy se volvieron a registrar fuertes bombardeos israelíes en el sur-, la sede del Departamento de Estado en Washington acogerá el martes próximo el primer encuentro formal entre representantes de ambos gobiernos, como reveló ayer el diario The Times of Israel.
La delegación libanesa estará encabezada por su embajadora en EE UU, Nada Hamadeh-Moawad; la israelí por su máximo representante diplomático en Washington Yechiel Leiter, y la anfitriona por el embajador estadounidense en Beirut, Michel Issa. Ya ayer los tres representantes mantuvieron un primer encuentro telefónico a fin de preparar la cita.
Un tensa conversación
Según revelaba ayer la CNN, el presidente estadounidense y el primer ministro israelí mantuvieron una tensa conversación telefónica el jueves -la tercera de la semana- en la que, horas después de la campaña más dura de las Fuerzas de Defensa en Líbano, Trump amenazó a Netanyahu con anunciar él mismo una tregua entre Tel Aviv y Hizbulá si no hacía público el inicio de conversaciones con Beirut. Poco después, el jefe del Gobierno de Israel hacía público que daría "órdenes inmediatas" para comenzar a negociar con Beirut el desarme de Hizbulá y un acuerdo de paz. Con todo, al cierre de esta edición, su gabinete no había confirmado su presencia en el encuentro del martes en Washington.
La cita de Washington pondrá nuevamente a prueba -quizá la última vez- la capacidad de las autoridades libanesas -el tándem formado por el presidente Joseph Aoun y el primer ministro Nawaf Salam- para llevar a cabo el desarme efectivo de una milicia que se resiste a abandonar su arsenal y que, después de 15 meses sin atacar territorio israelí, entró en la guerra el pasado 1 de marzo en defensa de su patrocinador, la República Islámica de Irán.
Después de más de un año de tregua, la fortaleza mostrada por Hizbulá en sus feudos tradicionales del sur del país, donde se enfrenta encarnizadamente con las fuerzas israelíes, deja claro que los optimistas anuncios de Beirut al respecto del repliegue de la milicia proiraní y el subsecuente despliegue de las Fuerzas Armadas de Líbano en el área comprendida entre el río Litani y la frontera con Israel carecían de fundamento.
Manifestaciones contra la negociación
El anuncio de la cita de la semana que viene ya provocaba este viernes tensiones palpables en las calles de Beirut, donde un grupo de partidarios de Hizbulá se manifestaba contra la decisión, lo que aumenta el temor a un conflicto civil en un país conmocionado y exhausto por un nuevo ciclo de violencia. No en vano, el secretario general de la milicia chií, Naim Qasem, pedía a las autoridades de su país que "dejen de hacer concesiones gratuitas" a Israel. El líder de Hizbulá aseveraba que "la resistencia continuará hasta su último aliento" en un mensaje recogido por la cadena afín Al Manar.
La ofensiva israelí en Líbano, que durante la jornada causaba la muerte de 13 miembros de los cuerpos de seguridad libaneses en Nabatiyeh, en el sur, ha dejado ya más 1.800 muertos y miles de heridos -Beirut no desglosa entre civiles y miembros de Hizbulá- además de 1,2 millones de desplazados internos. No en vano, horas después de anunciarse la tregua pactada por Washington y Teherán, las fuerzas israelíes, que ayer aseguraban haber matado a 1.400 miembros de la milicia proiraní, llevaron a cabo el miércoles la más dura de las campañas aéreas en Líbano desde que comenzara la guerra, que dejaba un balance provisional de 300 muertos y un más de un millar de heridos.