«A una isla de ti»: diversidad y amor desde Canarias
«A una isla de ti», la nueva película de Alexis Morante, es una propuesta que confirma el momento de madurez creativa del director campogibraltareño. Lejos de acomodarse, tras dirigir [[LINK:INTERNO|||Article|||6823479654a16100076745ef|||«¿Es el enemigo? La película de Gila»]], se adentra en un terreno que, aunque parte de un encargo, termina moldeando hasta hacerlo reconocible. «No es lo mismo, pero la única forma que entiendo de meterme en un proyecto es ir haciéndolo mío», explica Morante, que insiste en una idea clave: la emoción como motor. «El cine que hago la transmite, y aquí era fácil porque el amor es el centro de la película».
«La canariedad»
La cinta, que se mueve entre la comedia romántica y la fábula, encuentra en Canarias un escenario propicio. No es casual. El director se decanta por una puesta en escena luminosa, muy apoyada en exteriores y en una estética reconocible en su filmografía. «Creo que es un estilo no buscado, pero encontrado», señala, al tiempo que reivindica su equipo habitual: «Una de las condiciones cuando entré en el proyecto es que me traía a mi equipo de sonido y de imagen para dar el tono de lo que siempre hago». El resultado es una obra que huye de la falta de personalidad y abraza una narrativa visual cercana al cuento: «Es una historia que se cuenta como una fábula». A ello se suma un trabajo técnico minucioso, desde el uso de lentes anamórficas hasta el rodaje de secuencias submarinas reales, que refuerzan esa sensación de inmersión.
Pero si hay un elemento diferencial en «A una isla de ti» es su defensa de la identidad canaria. Frente a otros rodajes que utilizan el archipiélago y sus incentivos económicos como mero decorado, Morante insiste en integrar su cultura en la historia: «Había una necesidad de que Canarias fuera protagonista», afirma. Para ello, el equipo se sumergió en la realidad local, desde tradiciones como la fiesta de la rama hasta la música o la gastronomía. «El pueblo de Agaete nos decía que se ve reflejado en lo que son ellos, y ese es el mejor premio», subraya. Esa autenticidad se traduce también en pequeños detalles cotidianos que dotan de verdad a la historia.
«El conflicto es el de la comedia clásica, y a partir de ahí se integra lo LGTBI con naturalidad», dice
En lo narrativo, la película juega con los códigos clásicos de la comedia romántica para dar un paso más allá. «Quisimos hacer algo distinto: que los protagonistas fueran dos hombres y tratar el amor sin etiquetas», apunta el director. Lejos de convertir la identidad sexual en conflicto, Morante opta por normalizarla dentro de una estructura tradicional: «El conflicto sigue siendo el del género clásico, y a partir de ahí vas integrando todo lo demás con naturalidad». Así, la cinta dialoga con el espectador desde lo reconocible, pero introduciendo matices contemporáneos.
Este equilibrio entre tradición y modernidad define una obra que, en palabras de su director, renuncia a la pretenciosidad para ganar en cercanía: «Esa falta de pretensión la hace más natural y disfrutable». Quizá por eso llega en un momento especialmente dulce para Alexis Morante, que mira atrás con perspectiva: «Venir de un sitio desde donde es difícil llegar y que ahora te lluevan propuestas es una gozada».