De toda mi Semana Santa -para nada representativa, limitada a un solo lugar todo el tiempo, pero es la que he vivido-, lo más admirable ha sido el 'tetris' del Gran Poder para recomponer sus filas en los tramos de Virgen y cumplir el horario establecido de tránsito por la Catedral. Un esfuerzo ímprobo escondido en el corazón de la montaña hueca. De repente, a golpe de nudillos en la base de la canastilla del diputado de tramo, los nazarenos de luz se desplegaban o se replegaban en filas de a dos, de a tres o de a cuatro con una facilidad pasmosa. Impresionante. ¿Y qué tiene que ver esta abrumadora demostración de compostura con todas las quejas que circulan...
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