La maquinaria ya está en marcha, aunque el programa sigue sin cerrarse. La visita de León XIV a España, del 6 a l 12 de junio , empieza a medirse en cifras. Con cuentagotas, la organización va desvelando detalles sobre el viaje que, en buena medida, confirman lo que ya se daba por hecho en ambientes eclesiales. Sin agenda definitiva aprobada por la Santa Sede, ahora la organización ha confirmado dos datos clave en la vertiente económica: el coste total de la visita sobrepasará los 15 millones de euros y el retorno económico para las tres comunidades autónomas en las que se desarrollará –Madrid, Cataluña y Canarias– superará los cien millones de euros. La estimación ha sido ofrecida este martes en Madrid por Fernando Giménez Barriocanal, coordinador económico del viaje, durante una rueda de prensa celebrada en la sede de la Conferencia Episcopal Española. Por su parte, el coordinador general, Yago de la Cierva, también presente en el evento, ha confirmado que todo el dispositivo se financiará con donaciones de católicos y aportaciones de empresas, excepto una aportación del Gobierno canario. «No tenemos ahora mismo un presupuesto», ha reconocido Barriocanal, en una frase que resume bien el estado actual de los preparativos. La incertidumbre sobre el programa definitivo –a la espera de que el Vaticano publique la agenda oficial, probablemente un mes antes del viaje– impide cerrar cifras exactas. Sin embargo, a falta de concretar algunos detalles, la organización ya va afinando el coste final, que será «no menos de quince millones de euros», a la vez que ha estimado que el impacto económico «será superior a los cien millones de euros», a falta de que lo confirme una auditoría encargada a una «empresa de prestigio internacional». De momento, como aproximación, parten de la que ya se realizó tras la última visita de un Papa a nuestro país, la de Benedicto XVI en agosto de 2011. En esa línea, el modelo de financiación de esta visita sigue la estela de otros grandes eventos eclesiales, como aquella Jornada Mundial de la Juventud que trajo al Papa Ratzinger a Madrid. La clave será de nuevo la aportación privada, tanto de grandes benefactores como de pequeños donantes. «Los fieles pueden colaborar con aportaciones monetarias pequeñas desde 5 euros a través de la web», ha explicado Barriocanal. A ello se suma la participación de empresas, fundaciones y otras iniciativas sociales, que pueden hacer aportaciones económicas o en especie (por ejemplo, empresas de seguridad o de nuevas tecnologías). En concreto, han precisado que ya hay «tres o cuatro grandes benefactores» y que ya se han cubierto aproximadamente el 50% de las necesidades económicas. Sobre la polémica suscitada a raíz de la publicación de un folleto entregado a varias empresas en el que se especificaba que los grandes benefactores –que aporten entre 500.000 y 1 millón de euros– tendrían la posibilidad de participar en un saludo privado con el Papa, los coordinadores de la visita han remarcado que «es de bien nacidos ser agradecidos». «En todas las visitas del Santo Padre, normalmente tiene algún tipo de encuentro con aquellas personas que, de manera más relevante, han ayudado a que la visita haya podido tener lugar. Esto no es una excepción aquí. Esto es algo que desde el primer minuto se nos comentó en el Vaticano. Luego, las lecturas que se puedan hacer, pues cada uno tiene las suyas. Pero, sin duda alguna, yo creo que es razonable», ha aclarado Barriocanal, al tiempo que ha agregado que «el Papa va a saludar a muchísima gente y se va a encontrar con todo el pueblo de España». En cuanto a la participación pública, De la Cierva ha explicado que las únicas administraciones que han decidido colaborar con una aportación dineraria a la visita del Papa son el Gobierno de Canarias y los cabildos de Gran Canaria y de Tenerife, «dado que es la primera vez que un Papa visita las islas y lo consideran un acontecimiento histórico». Según han recordado los coordinadores, en la última visita de Benedicto XVI no hubo aportaciones dinerarias de las administraciones públicas. El contraste con otros países es evidente. En Lisboa, por ejemplo, el Estado portugués destinó 30 millones de euros a la visita papal. También Canadá, Estados Unidos o Australia recurrieron a financiación pública. En España, en cambio, la apuesta de los organizadores pasa por reducir al mínimo ese apoyo institucional y reforzar la implicación social, «tanto de católicos como de cualquier persona de buena fe». Pese a la ausencia de financiación directa del Estado –salvo en Canarias–, la participación institucional es constante. «La colaboración con las administraciones públicas es muy positiva y muy fluida», ha asegurado De la Cierva. «Nosotros estamos cómodos con las aportaciones que están haciendo la Generalitat de Cataluña y la Comunidad de Madrid, los ayuntamientos, porque están ofreciendo lo que tienen sin que eso perjudique en absoluto al resto de los ciudadanos y porque son conscientes de que es una enorme inversión social y económica. La cantidad de cientos de miles de personas que van a venir a Madrid ese fin de semana supone desde el punto de vista económico también una importante inyección», ha subrayado Barriocanal. Las cifras globales facilitadas durante la rueda de prensa ya permiten intuir la dimensión del despliegue. La organización prevé instalar «más de cincuenta pantallas gigantes en distintos puntos del país, decenas de kilómetros de vallas, habilitar unos 6.000 sanitarios portátiles y disponer de 8.000 copones para distribuir la comunión». A ello se suman los más de 5.000 voluntarios ya inscritos, una cifra que previsiblemente aumentará a medida que se acerque la fecha. Todo ello está coordinado a través de cuatro comités locales –uno por cada sede– y un equipo central que trabaja en contacto directo con la Santa Sede, según han explicado. «Estamos preparando la visita a toda velocidad», ha admitido De la Cierva, que ha pedido paciencia ante la falta de confirmaciones oficiales. La rueda de prensa ha servido también para presentar algunos elementos simbólicos del viaje. El lema elegido, «Alzad la mirada», pretende ser –en palabras de Josetxo Vera, responsable de comunicación de la Conferencia Episcopal– una «invitación a salir de las preocupaciones cotidianas y abrirse a una perspectiva más amplia». En ese esquema, el logotipo representa la dimensión que aporta cada una de las sedes: «Madrid como fuente de la unidad, Barcelona de belleza y Canarias de la caridad», en referencia al problema migratorio que el Papa conocerá de primera mano.