A seis años de una pandemia recién declarada...
Era el 6 de abril de 2020, un Lunes Santo. Vivíamos prácticamente bajo un “toque de queda” obligado, producto de una pandemia recién declarada, algo que nunca antes habíamos experimentado. Nos correspondía hacer ajustes en nuestras vidas, tanto en lo personal y familiar como en lo empresarial y en nuestras comunidades.
Era, ciertamente, un momento de cambio que iba a alterar nuestras vidas de forma inimaginable: en muchos casos para bien y, en otros, no tanto. El futuro era incierto y nos aquejaban las nuevas restricciones que se nos imponían para tratar de controlar este evento de impacto mundial que trastocaría nuestro día a día y redefiniría nuestra cotidianeidad.
En ese balance desigual, también hubo pérdidas profundas: muchos vieron partir a seres amados en medio de la incertidumbre y la distancia, y ese dolor sigue acompañándolos hasta hoy.
Seis años después, debo confesar que el tiempo voló. Aquello que recordamos con pesar o, por el contrario, como experiencias únicas, permanece con nosotros y seguirá haciéndolo hasta el final de nuestra existencia. Lo que sí está claro es que experiencias como esta nos enseñan que la vida cambia de un momento a otro, sin previo aviso, y que debemos aprender a adaptarnos y asumir nuevas circunstancias con resiliencia.
En ese sentido, quisiera hacer una invitación a reflexionar sobre lo que nos ha tocado vivir en este tiempo: las experiencias que hemos tenido; los cambios que hicimos en nuestras vidas, tanto en nuestras empresas como en la vida profesional; los seres queridos que partieron, las relaciones que hemos construido y fortalecido, las despedidas, los logros de quienes nos rodean. Pero, sobre todo, a reflexionar sobre cómo todo esto incidió en nosotros: nuestros sentimientos, nuestra manera de ver la vida y nuestra perspectiva de futuro.
No tenemos idea de lo que nos depara el porvenir, y confiamos en que no se repita un evento equivalente a la pandemia. Sin embargo, estamos preparados –posiblemente más que antes– para lidiar con lo que esté por venir. No me cabe duda de que lo aprendido y vivido como resultado de este acontecimiento nos permitirá actuar con la cabeza fría y el buen juicio necesarios para enfrentar cualquier eventualidad.
En fin, seis años son solo una fracción de nuestras vidas, pero, en muchos casos, ese periodo dejó una huella como quizá no lo había hecho todo lo vivido hasta aquel 6 de abril de 2020.
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