El nearshoring: motor de un federalismo global
México se encuentra en un punto de inflexión. El fenómeno del nearshoring no es solo el presente y una tendencia económica, sino hay que percibirlo como una reconfiguración de las cadenas de valor globales que coloca a nuestros estados en el epicentro de la inversión. Hoy, la competitividad de México no es un tema piramidal, sino que sus expresiones van orientadas hacia la capacidad de cada entidad federativa para ofrecer infraestructura, certeza jurídica y talento especializado. Mantenerse competitivo es cada vez más difícil, pero también más necesario. Identificar los problemas es una cosa, encontrar soluciones es mucho más complejo y requiere tiempo. La capacidad de definir estrategias para afrontar una mayor incertidumbre geopolítica y económica será clave para que empresas, estados incluso países tengan y refuercen su ventaja competitiva.
Desde Nuevo León, hemos sido testigos de cómo la relocalización de empresas, particularmente en sectores de alta tecnología y electromovilidad, transforma comunidades enteras. Sin embargo, el beneficio del nearshoring no debe ser exclusivo de una región; debe ser la punta de lanza para
un nuevo modelo de desarrollo estatal que sería la estrategia integral que cada gobierno local diseña para orientar el crecimiento económico, social y ambiental de su territorio. Funciona como una hoja de ruta que articula políticas públicas, programas y proyectos con una visión de mediano y largo plazo. Los estados deben empezar a generar conocimiento para capitalizar las oportunidades que brinda el nearshoring. Hay tres pilares que deben tener en su pizarrón de planeación. Primero, certeza jurídica y Estado de derecho: Las inversiones de gran calado buscan estabilidad. Como autoridades, nuestra principal responsabilidad es garantizar que las reglas del juego sean claras y permanentes. La seguridad jurídica es el mejor incentivo fiscal que podemos ofrecer. Segundo, infraestructura para la conectividad: el éxito del nearshoring depende de nuestra capacidad para mover mercancías y energía. Proyectos como la modernización de aduanas, el fortalecimiento de la red eléctrica y la creación de sistemas de transporte masivo, como el monorriel en Monterrey, son esenciales para absorber la demanda internacional. Tercero, diplomacia subnacional: A través de organismos como la AMAIE, los estados estamos asumiendo un rol de “embajadores económicos”. Ya no esperamos a que las inversiones lleguen; salimos a buscarlas, negociando directamente con los mercados de Norteamérica, Asia y Europa. Esa es la visión que hemos construido ahora en la oficina de la coordinación de la presidencia de la Asociación Mexicana de Oficinas de Asuntos Internacionales de los Estados.
El beneficio social del nearshoring es tangible: mejores empleos, transferencia tecnológica y un aumento en la recaudación local que se traduce en mejores servicios públicos. Para capitalizarlo, necesitamos un federalismo colaborativo, donde la política exterior y la política económica local caminen de la mano.