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Finanzas cristianas: cómo la religión influye la inversión

Las Hermanas Dominicas de Adrian, en Michigan, forman una congregación compuesta por más de 500 religiosas y unas 200 asociadas. Sus raíces se remontan a la tradición dominicana fundada por Santo Domingo de Guzmán en el siglo XIII, basada en la predicación a través de la oración, el estudio, la vida en comunidad y el servicio pastoral.

Esta congregación fue también una de las primeras dentro de la Iglesia católica en institucionalizar políticas de inversión socialmente responsable. En 1974, comenzó a desarrollar una estrategia con impacto social mediante la creación del Consejo Asesor de Cartera (Portfolio Advisory Board, PAB), un organismo que impulsó a la comunidad a revisar sus inversiones a la luz de los principios del Evangelio y a buscar un equilibrio entre la doctrina social de la Iglesia y la responsabilidad en la gestión de sus recursos.

La experiencia de esta congregación ilustra una tendencia que hoy empieza a cobrar fuerza en los mercados financieros. Y es que, pese a que las decisión de inversión suele explicarse con gráficos, balances y previsiones económicas, cada vez más inversores en todo el mundo se hacen otra pregunta antes de comprar acciones: ¿es moral esta empresa?

En un momento en que el capital circula con una rapidez sin precedentes, la fe vuelve a ocupar un lugar inesperado en los mercados. Lo que durante décadas parecía una cuestión privada, como son las convicciones religiosas, está empezando a influir en cómo se gestiona el dinero, en qué empresas se invierte y en qué sectores se evita participar. El nacimiento de nuevos índices bursátiles basados en principios católicos, el interés de grandes bancos europeos y la aparición de fondos especializados apuntan a una consolidación de las llamadas finanzas religiosas.

La inversión fundamentada en valores religiosos tiene, además, un enorme potencial. Las organizaciones religiosas gestionan alrededor de cinco billones de dólares en activos en todo el mundo, según el Oxford Faith-Aligned Impact Finance Project (Proyecto de Finanzas de Impacto Alineadas con la Fe de Oxford), una iniciativa de la universidad británica, que analiza cómo las convicciones religiosas pueden orientar las inversiones con impacto social. El proyecto ha identificado más de 360 organizaciones vinculadas a religiones de las tradiciones abrahámicas (cristianismo, judaísmo e islam) y dhármicas (budismo, hinduismo, jainismo o sijismo), con un patrimonio billonario

El potencial de este mercado se aprecia con especial claridad en Estados Unidos. Se estima que en el país norteamericano los cristianos poseen 22,4 billones de dólares en inversiones en el mercado, aproximadamente la mitad del total invertido en acciones, bonos y fondos en el país. Sin embargo, los activos gestionados específicamente en vehículos de inversión inspirados en valores religiosos siguen siendo relativamente modestos. En 2024, superaron por primera vez los 100.000 millones de dólares, lo que representa menos del 0,5 % del total de los activos de inversión de los cristianos, según datos de GuideStone Financial Resources, una institución financiera vinculada a comunidades cristianas evangélicas. La brecha entre ambas cifras refleja el amplio margen de crecimiento que aún tiene este tipo de inversión.

En España, el fenómeno empieza también a despertar interés. Un estudio del think tank Europa Ciudadana calcula que las inversiones alineadas con la Doctrina Social de la Iglesia podrían llegar a movilizar hasta 56.000 millones de euros si una parte significativa del ahorro financiero incorporara este tipo de criterios éticos.

Nuevas estrategias

En este contexto, el Instituto para las Obras de Religión, conocido popularmente como Banco del Vaticano, ha comenzado a explorar nuevas formas de participación en los mercados financieros. Una de ellas es su colaboración con la firma de análisis Morningstar para desarrollar índices bursátiles basados en principios católicos. Entre ellos destacan el Morningstar IOR US Catholic Principles Index y el Morningstar IOR Eurozone Catholic Principles Index, que seleccionan cada uno alrededor de medio centenar de empresas de gran y mediana capitalización que cumplen determinados estándares éticos. La idea es ofrecer una referencia clara para inversores que desean alinear sus decisiones financieras con valores religiosos sin tener que analizar individualmente miles de compañías.

Según explicó Giovanni Boscia, subdirector delegado del IOR, la iniciativa pretende avanzar hacia «las mejores prácticas financieras internacionales respetando los principios de la Doctrina Social de la Iglesia».

El funcionamiento de estos índices es similar al de cualquiera tradicional. Primero, se parte de un universo amplio de empresas cotizadas y, después, se eliminan aquellas que participan en actividades consideradas incompatibles con los principios católicos. Entre las exclusiones más habituales figuran sectores como el juego, la pornografía, el tabaco, el cannabis o la fabricación de armas controvertidas. También quedan fuera empresas vinculadas con prácticas como la explotación laboral o el trabajo infantil.

La lógica detrás de este enfoque es sencilla. Invertir significa financiar la actividad de una empresa. Para muchos creyentes, destinar capital a determinadas industrias implica una responsabilidad moral, por ello, las finanzas cristianas buscan, precisamente, ofrecer una alternativa que permita participar en los mercados sin renunciar a esas convicciones. En palabras de Robert Edward, administrador delegado para Europa, Oriente Medio y África de Morningstar Indexes, los inversores buscan cada vez más «índices de referencia que reflejen criterios específicos basados en valores o políticas».

El índice europeo incluye algunas de las compañías más influyentes del continente. Entre ellas aparecen multinacionales tecnológicas, industriales y financieras que cumplen los requisitos establecidos. En el ámbito bancario destacan dos entidades españolas: BBVA y Banco Santander. Su presencia refleja que la inversión basada en valores no necesariamente implica apostar por empresas pequeñas . Muchas grandes corporaciones pueden formar parte de carteras éticas sin comprometer la diversificación ni el tamaño de las inversiones.

Inversión responsable

A pesar del auge de esta tendencia en la actualidad, la idea de vincular la inversión con valores morales tiene una larga historia. Durante décadas, diversas instituciones religiosas han tratado de obtener rentabilidad sin financiar actividades que consideran contrarias a su fe. Hoy en día, este enfoque se inscribe además en una tendencia más amplia, como es el del interés por la inversión responsable. El último informe Global Sustainable Investment Review, elaborado por la Global Sustainable Investment Alliance, estima que las inversiones ESG alcanzan ya los 30 billones de dólares en todo el mundo.

En la práctica, los índices basados en valores suelen servir de base para la creación de productos financieros. Cuando un indicador gana reconocimiento, las gestoras pueden lanzar fondos o ETF que replican su composición, permitiendo que inversores particulares accedan fácilmente a carteras diversificadas con esos criterios.

En Estados Unidos y Europa, existen ya numerosos ejemplos. Algunos fondos aplican filtros inspirados en la doctrina católica antes de seleccionar empresas. Otros utilizan metodologías similares para inversores protestantes o para instituciones religiosas que desean gestionar su patrimonio de acuerdo con sus creencias.

Uno de los casos más conocidos es el de los fondos gestionados por Ave Maria Mutual Funds, que durante años han aplicado criterios morales estrictos para decidir en qué compañías invertir. Sus estrategias excluyen sectores como el aborto, la pornografía o determinadas industrias farmacéuticas. Con el tiempo, han logrado atraer a inversores institucionales, diócesis y fundaciones religiosas que buscan coherencia entre sus finanzas y su identidad.

En términos de rentabilidad, algunos de estos fondos han obtenido resultados destacados. El Ave Maria Growth Fund, por ejemplo, ha registrado una rentabilidad media cercana al 13 % anual en la última década, lo que sugiere que excluir determinados sectores no necesariamente perjudica el rendimiento de una cartera.

Pero no es el único caso. Existe todo un sector conocido como «faith-based investing» (inversión basada en la fe), con decenas de fondos que aplican filtros cristianos o bíblicos para elegir empresas. Entre ellos se encuentran The Timothy Plan, que utiliza criterios bíblicos para seleccionar compañías; GuideStone Financial Resources, vinculado a comunidades evangélicas; Global X S&P 500 Catholic Values ETF, que replica el S&P 500 eliminando empresas que no cumplen criterios católicos; o LKCM Aquinas Funds, gestionado según principios de la Doctrina Social de la Iglesia.

España

En el mercado español también han surgido algunos productos inspirados en estos principios. Uno de ellos es el fondo Santander Responsabilidad Solidario, gestionado por Santander Asset Management, que aplica filtros basados en la Doctrina Social de la Iglesia y cuenta con unos 244 millones de euros de patrimonio.

Se trata de un fondo mixto defensivo en euros, centrado principalmente en inversiones de renta fija. La Fundación Pablo VI desempeña un papel clave en su estrategia. Según explica la gestora en su folleto, al menos el 70 % de la cartera debe cumplir el ideario ético definido por la fundación. Además, el producto incorpora una

dimensión solidaria, ya que una parte de las comisiones se destina a organizaciones como Manos Unidas, Cáritas y CONFER.

Otra gestora española, Tressis, cuenta con el fondo Conciencia Ética, asesorado por Afi Inversiones Globales, cuyo patrimonio ronda los 17,9 millones de euros.

A estos productos se suman otros fondos españoles que aplican criterios similares, como el Sabadell Inversión Ética y Solidaria FI de Sabadell Asset Management, Principium FI de Singular Asset Management o Bankinter Ethos FI de Bankinter Gestión de Activos.

Entre las ventajas de este enfoque moral, los expertos apuntan a que las empresas que evitan controversias éticas o sociales pueden enfrentarse a menos riesgos regulatorios, sufrir menos crisis reputacionales y mostrar una mayor estabilidad a largo plazo. No obstante, las finanzas cristianas no están exentas de críticas. Uno de los debates más frecuentes gira en torno a la definición de lo que se considera una inversión compatible con valores religiosos. Otro desafío importante es la complejidad de las grandes multinacionales. Muchas compañías operan en numerosos países y sectores, lo que dificulta evaluar todas sus actividades. Una empresa puede cumplir determinados estándares en su negocio principal, pero participar indirectamente en otras áreas más controvertidas a través de filiales. También existe el riesgo de que algunas iniciativas utilicen el lenguaje de la ética como herramienta de marketing.

Independientemente de esto contras, lo que parece claro es que las nuevas generaciones de inversores muestran cada vez más interés por el impacto social y moral de su dinero. En un contexto marcado por la preocupación por la sostenibilidad, la desigualdad o el cambio climático, la idea de que el capital debe reflejar ciertos valores gana terreno. Las finanzas religiosas se sitúan precisamente en esa intersección entre economía y ética.

Medio siglo después de que las dominicas de Adrian comenzaran a revisar sus inversiones a la luz del Evangelio, la reflexión que ellas se hicieron se extiende hoy con fuerza en los mercados: no solo importa cuánto se gana, sino también cómo se gana.

Finanzas islámicas

La relación entre religión y finanzas no es exclusiva del cristianismo. De hecho, el sistema más desarrollado de inversión basada en principios religiosos es el de las finanzas islámicas, que sigue las normas de la sharía, el conjunto de principios legales y éticos del islam. Este modelo establece varias reglas clave para las actividades financieras. Una de las más conocidas es la prohibición del cobro de intereses, conocida como riba. En lugar de prestar dinero con interés, los bancos islámicos utilizan estructuras basadas en la participación en beneficios o en la compraventa de activos reales. Además, las inversiones deben evitar sectores considerados incompatibles con la sharía, como el alcohol, el juego, la pornografía o determinadas actividades financieras especulativas.

El sector ha experimentado un fuerte crecimiento en las últimas décadas. Según estimaciones del Islamic Financial Services Board, los activos de las finanzas islámicas superan los 3 billones de dólares en todo el mundo, con una presencia especialmente fuerte en Oriente Medio y el sudeste asiático.

Al igual que ocurre con las finanzas cristianas, el objetivo es alinear las decisiones económicas con principios morales y religiosos, aunque en este caso se trata de un sistema financiero mucho más institucionalizado y con décadas de desarrollo.

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