Cuando ETA cortaba los dedos de los policías antes de decerrajarles un tiro en la cabeza
En pleno proceso de blanqueamiento de ETA, recordar estos asuntos no es políticamente correcto para los abonados a esta “doctrina”, pero es necesario hacerlo. Tal día como hoy de 1976, la fecha no se puede precisar porque la banda no se ha dignado ni a eso, dos inspectores de Policía fueron asesinados en Francia tras ser salvajemente torturados: entre otras cosas, les cortaron los dedos, al estilo Pol Pot de los Jémeres Rojos de Camboya. Pero, claro, ellos eran “gudaris”.
No tenían ninguna intención de informar donde dejaron los cadáveres de los inspectores José María González Ituero, de 25 años, y José Luis Martínez Martínez, de 30.
Tampoco han comunicado dónde se encuentran los cadáveres de los tres jóvenes gallegos a los que confundieron con policías ni el de su compañero de fatigas Eduardo Moreno Bergareche, finiquitado por “desviacionista”. Ni se dignarán aclarar la autoría de los más de 300 crímenes cometidos por ellos sin resolver.
Los inspectores habían pasado a Francia el día anterior para dirigirse a Hendaya, tras dejar sus armas en el puesto de control aduanero. Los agentes habían comido en una pizzería de la capital guipuzcoana y después decidieron ir a ver una película en el cine Varietés, en Hendaya. En la puerta de este establecimiento fueron vistos con vida por última vez. Los agentes no armas, por lo que de inmediato se dio la voz de alarma. La Policía francesa, alertada por las autoridades españolas, llevó a cabo una operación de gran envergadura para localizar a los dos agentes, pero no se obtuvieron resultados positivos. Hubo unos cuarenta detenidos, a algunos de los cuales se les confinó en la Isla de Yeu, pero la única pista que se encontró fue el hallazgo de la documentación de los policías en el domicilio de un miembro de ETA político-militar.
Los dos inspectores estuvieron desaparecidos durante un año entero, hasta que el 19 de abril de 1977, tres adolescentes que jugaban en la playa Chambres D’Amour, de Anglet, se introdujeron en un búnker construido por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Allí, enterrados en la arena, los jóvenes encontraron dos cadáveres en avanzado estado de descomposición. Los cuerpos, que luego serían identificados como los de los dos policías, estaban maniatados y presentaban utilaciones en los dedos. La autopsia reveló que uno de ellos había muerto de dos disparos en la cabeza efectuados a quemarropa con una pistola del calibre 7,65. Su compañero presentaba un impacto de bala.
José María González Ituero habría cumplido veintiséis años en mayo de 1976. Era natural de Madrona, provincia de Segovia, y el segundo de los seis hijos del matrimonio González Ituero. Se había incorporado en septiembre de 1975 al cuerpo de la Policía Nacional tras terminar el servicio militar y estaba destinado en la ofi cina de hospedería.
José Luis Martínez Martínez era natural de Calatayud (Zaragoza), pero su padre fue trasladado a Almería siendo él muy pequeño. Después de terminar el servicio militar, ingresó en la Academia General de Policía,de donde salió destinado al servicio del 091 de San Sebastián, puesto en el que llevaba apenas unos días cuando fue secuestrado junto a su compañero (con información de Vidas Rotas).