NO sé por qué yo. A veces he estado tentado de reprocharte que me eligieras, que me condujeras hasta tus plantas y me pidieras servirte y rezarte, cada vez de una forma. También te lo he agradecido infinitas veces, muchas más. A tus pies fueron las promesas de las alianzas de oro, la bendición de las vidas nuevas, las oraciones en que iluminabas las noches oscuras del alma, el abrazo de amigos que sólo llegaron porque nos reunimos alrededor de Ti. La música y el aprendizaje de lo que no se sabía. El poco acierto y el mucho error. El ningún honor, ni quererlo, y la responsabilidad multiplicada y la presión y el remordimiento. Ahora que lo último que guardo...
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