Un fallo en el aterrizaje acaba con la vida de un piloto de 82 años que volaba su propia aeronave
Un piloto aficionado de 82 años murió tras un accidente con una avioneta que él mismo había construido décadas atrás en un pequeño aeródromo del condado de Suffolk, en el este de Inglaterra.
La víctima, Chris Lodge, acumulaba más de 1.500 horas de vuelo y era una figura conocida en ese entorno por fabricar hélices de madera para avionetas ligeras.
Según la investigación, el aparato que pilotaba, un Taylor monoplaza construido por él mismo en 1973, se salió de la pista durante el aterrizaje y terminó volcando sobre el morro.
Un aterrizaje fallido en una pista que conocía bien
Lodge había despegado desde un aeródromo de Essex y poco después tomó tierra en Nayland Airfield, cerca de Sudbury. La avioneta tocó pista, se desvió hacia la izquierda, salió de la zona de hierba y acabó volcada tras recorrer varios metros fuera del trazado.
Un piloto del club lo encontró inconsciente en la cabina y, cuando llegaron los servicios de emergencia, ya había fallecido. No había nadie más a bordo.
La investigación señala que el amortiguador derecho del tren principal de aterrizaje pudo influir en el accidente. El cilindro presentaba una deformación causada por un daño antiguo, lo que habría reducido su capacidad de compresión y provocado un desequilibrio en la maniobra.
La autopsia determinó además que Lodge sufrió un infarto mortal, que los investigadores consideran probable que se produjera después del aterrizaje. De este modo, la causa de la muerte no fue directamente el impacto, sino el episodio cardíaco ocurrido en medio del incidente.
La avioneta, con motor Volkswagen de 1.600 centímetros cúbicos y estética de la Segunda Guerra Mundial, era uno de sus proyectos más personales. El piloto, además, conocía bien esa pista, con pendiente y considerada exigente para el aterrizaje.