Las lágrimas y la tristeza del pasado año quedaron atrás. Toledo ha vuelto a latir con fuerza en la noche del Miércoles Santo, donde la emoción se ha vivido por partida doble. Este año, bajo un cielo despejado, la Hermandad del Cristo de la Humildad arrancó pasadas las nueve de la noche del Miércoles Santo, su estación de penitencia para escribir una de las páginas más importantes de su historia. La ciudad respondió. Dos horas antes de la salida, la explanada del monasterio de San Juan de los Reyes ya era un hervidero humano, entre toledanos y visitantes, jóvenes, niños y mayores. No cabía un alfiler. Cientos de personas aguardaban pacientemente para presenciar un momento que prometía ser histórico: la...
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