No fallan. Las vemos en las vitrinas de las barras, encabezando muchas cartas, e inundando las redes sociales cuando se publican fotos de aperitivos. Se piden con el vermut, en una cena de platillos en el centro de la mesa o incluso como entrante en un restaurante más formal. Con su
gran aceituna brillante y el toque picante de la guindilla piparra, las gildas nos han seducido y han llegado con fuerza a Barcelona después de años siendo uno de los pinchos más emblemáticos del País Vasco.
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