Crítica de 'Casi ninguna verdad': La delirante realidad ★★★☆☆
Autoría y dirección: Cris Blanco. Interpretación: Cris Blanco, Óscar Bueno Rodríguez, Nuria Crespo, Gloria March, Norberto Llopis, Espe López, Alberto José Lucena y Julia Romero. Teatro Valle-Inclán, Madrid. Hasta el 12 de abril.
Cuenta en el programa de mano de esta función su autora y directora, Cris Blanco, que, desde que hace algunos años alguien le mintió “estrepitosamente”, vive “obsesionada” con ese concepto de la mentira. Y fruto de esa obsesión ha alumbrado este delirante y divertido espectáculo en el que la trama no deja de evolucionar hacia lugares insospechados y surrealistas, y en el que cualquier certeza posible para los personajes se va desmoronando a medida que tratan de asumirla.
Por lo que respecta al argumento, ‘Casi ninguna verdad’ comienza con una conferencia sobre ciertos mecanismos del cerebro humano que una científica se dispone a dar en el salón de actos de un centro cultural en Madrid. Pero pronto esa situación y los personajes que la están protagonizando empezarán a transformarse, de manera cada vez más radical y atropellada, como en una suerte de pesadilla, hasta el disparatado desenlace del espectáculo.
La obra pone de relieve, con humor y con espíritu gamberro, la borrosa y flexible frontera que existe entre la ficción y la realidad, y lo hace recurriendo en muchos momentos al propio hecho teatral como exponente de esa relación entre dos planos, o dos mundos, que pueden converger a pesar de ser en apariencia contrapuestos. Mientras la realidad busca a la ficción para reconocerse a sí misma y poder contemplarse, la ficción necesita, para existir con una mínima consistencia, que la realidad alimente y proteja su fuero.
Tanto en la dramaturgia -ideada por Óscar Bueno Rodríguez, Anto Rodríguez y la propia Cris Blanco- como en la puesta en escena, hay una búsqueda de recursos y de códigos que permitan hacer saltar por los aires todas las convenciones teatrales al tiempo que se usan, paradójicamente, como eficaces instrumentos para que avance la trama. Y es esta delirante dualidad en su vertiente formal el verdadero motor y el gran hallazgo de una obra muy entretenida, que se ve con mucho agrado, en la que tal vez falte explorar más a fondo, desde el punto de vista conceptual, algunos de los muchos e interesantes temas que van asomando tímidamente a lo largo de la representación.
- Lo mejor: La propuesta es divertida y exprime con éxito ese estilo de coloquial cercanía que tiene Cris Blanco y que tanto gusta a sus muchos admiradores.
- Lo peor: Al margen del puro juego formal -ocurrente y agudo-, el recorrido discursivo de la obra no es demasiado largo.