El paisaje que dejó el vendaval de finales de enero sobrevive en el cementerio de Alicante. Han pasado casi dos meses desde que las potentes rachas de viento destrozaron buena parte de los panteones que unen la calle San Luis con la de San Antonio, a pocos metros de la entrada principal. Árboles caídos y monumentos religiosos en el suelo conviven con señales y vallado para perimetrar la zona. Incluso en algún mausoleo se observa el acceso al interior abierto y hasta hace pocos días se veían esculturas partidas amontonadas con otros restos.