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El diario inédito de José Antonio que desmiente que Falange participara en la organización del golpe del 36

La historia no es un relato esculpido en mármol que no se pueda cambiar. Continuamente hay nuevos descubrimientos documentales que añaden o modifican lo que pensábamos sobre el pasado y las personas que lo vivieron. José Antonio Martín Otín encontró una agenda diminuta entre los papeles de José Antonio Primo de Rivera. Era un cuadernillo que le había regalado el Colegio de Abogados de Madrid. El fundador de Falange llenó sus páginas con una letra microscópica e ilegible que había desalentado a todos los que la tuvieron entre manos durante décadas. La agenda se conservaba con unos documentos familiares, y parecía «de miniaturista cantonés», por lo que nadie sospechó que allí se escondía un auténtico diario personal con anotaciones de sus últimos días en libertad. Martín Otín logró descifrar el texto. Este trabajo reveló que la agenda contenía reflexiones políticas, citas personales y observaciones íntimas redactadas por Primo de Rivera entre el 1 y el 13 de marzo de 1936, lo que convierte el manuscrito en una fuente totalmente inédita y no utilizada en estudios previos, incluidos los que se basan en los papeles de la «maleta» recuperada en 1977.

Este documento, redactado sin intención de hacer propaganda, muestra al político, abogado y conspirador que fue, pero también su faceta como amigo y amante. Aparece como un hombre cualquiera, que duda y se equivoca. Quizá sea esta una de las aportaciones más novedosas del diario: una mayor humanización. Frente a otros estudios que vieron al personaje como un político casi místico o un visionario, en esas páginas de la agenda aparece como un hombre intensamente vital, con contradicciones morales, afectos complejos y debilidades. Entre estas últimas estaban la necesidad de compañía y de reconocimiento, con ese ego que alimenta a todo político.

El diario registra, por ejemplo, algunos episodios íntimos. El 13 de marzo de 1936, José Antonio escapó de la vigilancia de sus escoltas. El motivo fue tener un encuentro amoroso con una mujer, cuyo nombre ocultó mediante un tachón deliberado, como si quisiera que nadie supiera su nombre. Esto desmiente la visión franquista del personaje como un hombre «joven asexuado». Hoy sabemos que cuando estuvo encarcelado en 1936 se carteó con Elizabeth Asquith, británica, hija del Primer Ministro. Ella estaba casada con el príncipe Bibesco, embajador rumano, y era amiga de Marcel Proust, Aldous Huxley y Manuel Azaña. Elizabeth se hizo de izquierdas, y José Antonio la llamaba «mi princesa roja». También intercambió correspondencia con Pilar Azlor, duquesa de Luna y Villahermosa, soltera y falangista con la que tuvo una relación hasta 1935, cuando su padre concertó una boda entre aristócratas. Mantuvo un idilio con las dos, aunque de forma diferente y confusa, con muchas tribulaciones. Esto se refleja en el diario ahora descubierto, donde reflexiona sobre el deseo, la culpa y su necvcxsidad de afecto. Esas entradas del diario nos muestran a un José Antonio que siente vergüenza -quizá por eso tachó el nombre de su amante- y que necesita autojustificaciones, como buscando el perdón o la calma. En realidad, dichas líneas lo definen como el joven de 32 años que era entonces, y lo alejan del símbolo estático fabricado durante el régimen de Franco.

La letra pequeña del jefe

Martín Otín va descifrando la letra pequeña del jefe de Falange y glosando a continuación su contenido, ofreciendo un contexto que se antoja imprescindible para perfilar al político y al hombre. De esta manera ofrece un detalle cronológico y minucioso de las actividades políticas durante las dos semanas decisivas que anteceden a su detención. Ningún biógrafo anterior, y los ha habido buenos, como Stanley Payne, Julio Gil Pecharromán o Francisco Torres García, entre otros, había dispuesto de un registro de este tipo. El diario desvela las reuniones con figuras como el tradicionalista José María Arauz de Robles, Leopoldo Panizo, que era jefe de la Quinta Columna, o el joven Juan Claudio Güell Churruca, conde de Ruiseñada, monárquico de Acción Española.

También aparecen en el diario los contactos con el SEU (Sindicato Español Universitario), con estudiantes católicos y con otros grupos. No obstante, quizá sea este uno de los hallazgos más rompedores del documento porque niega que José Antonio Primo de Rivera insistiera en crear inmediatamente un Frente Nacional Universitario. Hasta ahora algunos historiadores decían que había impulsado la alianza orgánica entre el SEU, la Confederación de Estudiantes Católicos y otras asociaciones, cuando en el diario se presenta como iniciativa de los jóvenes. Esta afirmación se hacía con el objetivo de mostrar que Primo de Rivera quiso la unificación política que inspiró el decreto franquista de abril de 1937 por el que se creó el partido único, la FET y de las JONS, que luego fue el Movimiento Nacional.

Otro de los puntos más significativos que cuenta el diario es la confirmación de un episodio que había sido sugerido por testimonios indirectos, pero que no estaba documentado. Gracias al documento ahora sabemos que José Antonio Primo de Rivera hizo una oferta a Portela Valladares, presidente del Gobierno hasta febrero de 1936, para dar una «asonada» que restableciera el orden. Recordemos que se estaba iniciando la primavera sangrienta de 1936. La intención del líder falangista era «salvar la República desde dentro» mediante un golpe constitucionalista, no militar. Es más, el 29 de marzo calificó de «muy cerdos» a los elementos de la derecha que pretendían usar a Falange como fuerza de choque para un golpe militar. Esto desmiente dos narrativas historiográficas persistentes. Una, la franquista, que quiso presentar a Primo de Rivera como un precursor del golpe de Estado del 18 de julio. Otra, la izquierdista, que consideró que José Antonio integraba la trama golpista desde marzo. El diario muestra que el fundador de Falange desconfiaba profundamente de los generales -en especial de Franco- y que su idea de intervención política tampoco coincidía con la que pretendía Mola.

El diario descifrado confirma la antipatía y desconfianza entre Primo de Rivera y Franco

Esto último es muy interesante. El diario encontrado y descifrado por José Antonio Martín Otín confirma de manera contundente la antipatía y desconfianza entre Primo de Rivera y Franco. El primero quedó decepcionado tras una reunión con el militar, según se lee en el documento, porque se mostró evasivo, divagatorio y cauteloso, muy distinto, decía, a su padre, el dictador Miguel Primo de Rivera. Con esa personalidad, el diario señala que el falangista no vio en el general gallego al hombre para una regeneración o una revolución. Esto contrasta con el relato construido durante el franquismo, y otorga sentido al poco interés de Franco por la vida de José Antonio y a su uso propagandístico durante la dictadura.

Uno de los episodios más sorprendentes revelados por el diario es la profundidad de las relaciones entre Falange y sectores anarquistas. Esta era una cuestión sabida, pero no que fuera tan clara. Hay una presencia recurrente de figuras como Marciano Durruti -hermano menor de Buenaventura, que pasó del anarcosindicalismo al falangismo a comienzos de 1936- y de Sinforiano Moldes -dirigente de la CNT que se afilió a Falange-. Esto refuerza la interpretación del interés de José Antonio por el sindicalismo revolucionario y su alejamiento del conservadurismo.

Marciano Durruti y Moldes aparecen en el diario demostrando la existencia de una corriente «anarcofalangista» más fuerte y estructurada de lo que se venía diciendo en la historiografía. De hecho, en el diario aparece Marciano Durruti como mediador entre cenetistas y falangistas. También presenta a un José Antonio deseoso de entrevistarse con dos dirigentes anarquistas muy importantes del momento: Ángel Pestaña y Diego Abad de Santillán. En sus páginas se muestran acontecimientos en principio sorprendentes, como fue la participación de militantes anarquistas en acciones coordinadas con falangistas. En suma, es evidente gracias al diario que el anarquismo como sindicato único contra el capitalismo era un modelo para el falangismo, y que la organización de Primo de Rivera quiso crecer haciendo obrerismo. Falange aparece así en el diario como una organización que, lejos de ser un movimiento burgués, de señoritos y aristócratas, como muchas veces se ha descrito, por ejemplo, por Tuñón de Lara o Gabriel Jackson, quiere representar a los trabajadores y los tiene entre sus filas. Del mismo modo, este descubrimiento invalida parte de los relatos falangistas clásicos, como los recuerdos de Sánchez Mazas.

Primo de Rivera aparece carnal, lejos del hombre asexuado que pintó el franquismo

José Antonio Martín Otín se aventura a decir que el manifiesto que se atribuyó a José Antonio para animar a Falange a unirse al golpe del 18 de julio es falso. El autor se pregunta: «¿Si en la más recóndita intimidad (Primo de Rivera) es fiel a su forma de escribir, cómo no serlo en uno de los documentos más cruciales de su vida: el manifiesto de apoyo al alzamiento que le atribuyeron?». Alega que el estilo literario del diario es incompatible con el manifiesto, ya que su claridad sintáctica contrasta con el barroquismo del texto apócrifo. Además, dice Martín Otin, el diario muestra un distanciamiento emocional y político respecto a los golpistas. Esto desmiente el mito franquista de adhesión inquebrantable.

Otra cuestión controvertida que examina Martín Otín a la luz del diario es la evolución intelectual de José Antonio. El autor afirma que se orientó hacia un proyecto propio, híbrido, que contemplaba a Giner de los Ríos como un patriota, y del que esboza la «unidad de destino en lo universal». También entiende que Cataluña tiene su propia lengua, costumbres e historia. Martín Otín señala aquí la amistad con Josep Pla, que colaboró de forma anónima con Falange, y con Benet Caparà, destacando una visión de una España plural que años después sorprendería, por ejemplo, a Jordi Pujol. Las notas del diario incluyen así mismo referencias al filósofo Berdiaev, que rechazaba todo tipo de autoritarismo, y que era muy crítico con el comunismo y el fascismo. El José Antonio del diario quería una revolución nacional-sindicalista, con fijación en la justicia social, ajena al militarismo jerárquico de Franco y Mola, tanto como al seguidismo o la utilización de la Iglesia como arma política. Esto último no desvirtúa lo que se sabía del líder de Falange, sino que refuerza justamente su independencia y rechaza la propaganda que el franquismo hizo del personaje y que luego retomó la izquierda.

Detalles costumbristas

Las páginas del cuaderno ofrecen detalles costumbristas de sus primeros días de encierro. Aparecen sus rutinas de gimnasia, ducha, ajedrez y lecturas para evitar la «neurastenia» del encierro, escribió el 17 de marzo. Allí se encuentra con sus camaradas Julio Ruiz de Alda o Raimundo Fernández-Cuesta en la galería de los «Políticos». Lo que trasluce es el agotamiento y la claustrofobia moral de José Antonio en marzo de 1936. Quizá por eso el apunte más significativo del diario sea su entrada del 13 de marzo, último día en el que estuvo en libertad. En sus frases se nota la intensidad emocional y el cansancio. Dice que se levantó con «pereza».

Telefoneó y tuvo «infinidad de visitas y ajetreo». En hora y media casi acabó un manifiesto. De vuelta a casa se encontró con los estudiantes del SEU, los católicos de la Confederación, con el hijo de Víctor Pradera en cabeza, y otros independientes, entre los que figuraba el hijo de Gregorio Marañón. Le cuentan sus planes de unificación con un «triunvirato». José Antonio les indica como si nada fuera a ocurrir que lo hicieran el curso siguiente. Por la tarde tiene un encuentro amoroso. «Después de llegar a casi todo -escribe- siento una infinita vergüenza. Ella, vertical, ¿qué pensará mañana de mí?».

Tras el lance, José Antonio le dice que estaban más unidos por «haber caído juntos en la misma flaqueza». Aquel mundo no tenía nada que ver con el exterior, tan convulso como premonitorio. «Mientras tanto -apuntó- han quemado dos iglesias (San Luis y San Ignacio)». No solo eso. También la redacción del periódico «La Nación», junto al Teatro María Guerrero, en Madrid, fue incendiada como represalia por el atentado falangista contra Jiménez de Asúa. Por la noche, se lee en el diario, da unas «vueltas por la ciudad, ya tranquila».

En suma, nos hallamos ante un descubrimiento extraordinario que aporta hechos inéditos, desmiente versiones franquistas y de la izquierda, y desvela parte de la personalidad de José Antonio. Esto obligará a revisar o completar algunas de las interpretaciones más comunes que se han hecho sobre el fundador y líder de Falange. El diario cuestiona clichés y amplía el conocimiento histórico del hombre y de su época, con un documento que está más atento a la persona que al personaje. Nos muestra, en definitiva, a un Primo de Rivera contradictorio, apasionado, inteligente, inseguro y con debilidades humanas.

  • «Diario secreto de José Antonio» (Espasa), de José Antonio Martín Otín, 320 páginas, 21,75 euros.

LA PRIMAVERA AGITADA QUE PRECEDIÓ EL GOLPE

La primavera de 1936, transcurrida entre marzo, cuando fue detenido José Antonio, y julio de ese mismo año, fue un escenario de violencia política en el que hubo 484 muertos y más de 2.000 heridos, como han escrito Fernando del Rey y Manuel Álvarez Tardío. José Antonio no gozaba de inmunidad parlamentaria. El gobierno del Frente Popular no supo gestionar esa escalada, marcada por una evidente crisis de autoridad, los conflictos laborales, la polarización agobiante y el desbordamiento del orden público. La violencia era un desafío de primera magnitud para la Segunda República. No obstante, aquella situación no fue el preludio mecánico de la guerra, y Falange, al igual que otras fuerzas políticas que recurrían a la violencia, no actuaban como si supieran lo que vendría meses después. Estaban en un momento de brutalización de la vida política, en el que cualquier cosa era posible.

DETENCIÓN EN MADRID, MUERTE EN ALICANTE

La detención de Primo de Rivera ocurrió el sábado 14 de marzo de 1936 en su domicilio y despacho de la calle Serrano 86. El arresto fue ordenado por José Alonso Mallol, director general de Seguridad, y ejecutado por agentes que custodiaron su salida para evitar las reacciones de sus seguidores. Fue conducido a los calabozos de la Dirección de Seguridad. Allí se reunió con otros hombres de la Junta Política, como Julio Ruiz de Alda y Raimundo Fernández-Cuesta. Esta acción se enmarcó en una redada masiva de unos 2.000 falangistas ordenada por el Gobierno de Azaña. El domingo 15 de marzo, tras declarar ante un juez, fue trasladado a la Cárcel Modelo. Su cautiverio se extendió mediante sucesivos procesos por asociación ilegal y tenencia ilícita de armas, impidiendo su salida de prisión antes del inicio de la guerra. Luego lo trasladarían a la prisión de Alicante en junio donde fue ejecutado el 20 de noviembre, hace casi 90 años.

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