Maldición Simeone: ganó 4 veces en tres años en el Bernabéu y ahora lleva diez años sin hacerlo
La última vez que el Atlético de Madrid ganó en el Santiago Bernabéu al Real Madrid fue el 27 de febrero de 2016. Lo decidió Griezmann, con el único gol del partido, en un 0-1 que ya tiene diez años y que sigue siendo el último recuerdo positivo rojiblanco en territorio rival. Desde entonces, algún empate y varias derrotas han ido alimentando una racha que este domingo puede romperse o prolongarse una temporada más. El partido de hoy es el estreno de Arbeloa en un derbi en la élite.
Simeone, 13 años y 4 victorias
Diego Pablo Simeone lleva más de trece años en el banquillo del Atlético y en ese tiempo ha construido uno de los proyectos más sólidos del fútbol europeo, con dos ligas, una Copa del Rey y dos finales de Champions. Sin embargo, el Bernabéu se le ha resistido de una manera que contrasta con lo que fue capaz de hacer al principio de su etapa. En sus primeros años, Simeone ganó cuatro veces en el estadio blanco: tres en liga, en las temporadas 2013-14, 2014-15 y 2015-16, de forma consecutiva, y una en la final de la Copa del Rey de 2013, cuando el Atlético se impuso 1-2 a los de casa. Cuatro victorias en un período de tres años, seguidas de una década sin ninguna más.
El papel de Griezmann
Lo que hace aún más llamativo ese contraste es que el Griezmann que marcó el último gol rojiblanco en el Bernabéu sigue siendo, diez años después, uno de los jugadores fundamentales para Simeone. El francés ha cambiado de club, ha vuelto, ha cumplido años y ha tenido altibajos, pero su importancia en el esquema del técnico argentino se mantiene intacta, pese a las dudas con las que comenzó este año. Que el mismo jugador que firmó aquel 0-1 en 2016 siga siendo pieza clave del equipo en 2026 dice algo sobre la continuidad del proyecto rojiblanco y también sobre la vigencia de Griezmann a una edad en la que muchos futbolistas de su nivel ya han empezado a declinar.
El derbi de este domingo llega en un momento muy distinto para los dos equipos en términos de lo que hay en juego. El Real Madrid de Arbeloa necesita los tres puntos para seguir peleando por LaLiga, con el Barcelona apretando en la clasificación y el margen de error cada vez más reducido. Para el Atlético, en cambio, el partido no tiene esa urgencia clasificatoria. Los rojiblancos llegan con la cabeza puesta en otras competiciones, con la Copa del Rey y la Champions en el horizonte inmediato, y con una posición en la tabla que no les exige nada especial en el Bernabéu. Es un derbi, y los derbis siempre tienen su propio peso, pero la presión no está repartida por igual.
Esa asimetría puede jugar en cualquier dirección. Un Atlético sin la tensión del resultado puede ser más libre, más atrevido, menos condicionado por el miedo a perder. O puede ser un equipo que no llega con el nivel de activación que requiere un partido así. Simeone lleva demasiados años en este negocio como para no saber gestionar esa diferencia, y el historial de sus primeras visitas al Bernabéu demuestra que el argentino ha sido capaz de ganar allí cuando pocos lo esperaban.
Un Simeone menor
Pero también demuestra que hace tiempo que Simeone perdió, y no ha encontrado, el modo de hacer daño a un rival que, sin ninguna duda, le crea algún tipo de complejo. Aunque intenta mostrarse comedido las horas antes del encuentro y en las conferencias de Prensa anteriores, cuando tiene la oportunidad o cuando las cosas se le complican, no se olvida de lanzar un dardito al rival como quien no quiere la cosa. Lo cierto es que hace años el nombre de Simeone causaba respeto y algo de temor en el campo blanco, pero eso fue hace tanto que casi se ha olvidado.