Que se cumpla su derecho
Luego de 39 años laborados en la Educación Especial, atendiendo a estudiantes en una Escuela de Formación Integral categoría III con trastornos afectivos conductuales, Gumercinda Díaz Hernández presentó su jubilación en enero de 2025, y hace nada menos que un año que espera por ella.
La remitente, quien reside en Calle 2 no. 45, en El Caney, municipio de Santiago de Cuba, aclara que al momento de su solicitud, su expediente laboral estaba completo, según la jefa del Departamento de Recursos Humanos. Y en todo este tiempo transcurrido, se ha reunido con ella en reiteradas oportunidades.
Pero siempre recibe el mismo argumento: Que no cuentan con la técnica, pues esta se mantiene de certificado médico. Y por ello no pueden procesar los miles de expedientes acumulados. Que antes que Gumercinda hay otros aguardando.
«Si hace más de un año no han resuelto el problema, manifiesta, ¿entonces no me jubilarán? El artículo 116 del Código de Trabajo dice que debo ser protegida como trabajadora, entre otros elementos, como el de la vejez, con el cobro de mi chequera, aún no puedo darme esa tranquilidad. Sé que no alcanza para mucho.
«El requisito de permanencia laboral oscila entre los 30 años laborados para la mujer trabajadora. Y yo llevo 39 años en la Educación Especial. Pero, además, la Jefa de Departamento conoce que soy cuidadora de un anciano de 85 años con dos isquemias y demencia senil: mi padre».
Señala la afectada que estamos viviendo momentos difíciles, de convicción revolucionaria. Y no porque allí se viole lo establecido en un área tan sensible, ella va a dejar de ser patriota.
«¿Por qué tantas faltas de respeto? ¿Por qué tantas violaciones? Yo lo he dado todo en la educación de las nuevas generaciones con logros. He cumplido mi parte. Es hora de hacer una revisión profunda en el Distrito 5 Rural de Educación en el municipio de Santiago de Cuba. Que alguien haga cumplir lo que está establecido. Necesito ya que me jubilen por mi situación familiar. Y porque es mi derecho», concluye.
Sin solución, ni alternativa
Luis Alberto Varona Martín, quien reside en la calle Gervasio 671, apto. 2, entre Estrella y Maloja, Centro Habana, en la capital del país, manifiesta en su carta que hace ya cuatro meses que en ese barrio no es posible conectarse con la telefonía móvil mediante 4G.
Precisamente por ello, agrega, se ven obligados a usar con ese fin la 3G, cuyo servicio es pésimo. Y se convierte en un imposible el acceso a internet, con excepción del horario de la madrugada, pues en el resto del día no se consigue.
Refiere que hace unos dos meses llamó al número que Etecsa tiene habilitado para los reportes que conciernen a la telefonía móvil. Y la operaria que le atendió ni siquiera se dignó en tomar sus datos (nombre, dirección o teléfono). Respondió que ya tenían conocimiento del problema, y estaban tratando de darle solución en el menor tiempo posible. Nada más.
El problema es que sigue sin resolverse la cuestión. Y tampoco se garantiza ninguna explicación, y mucho menos una alternativa a tal situación.
«Los que necesitamos internet para comunicarnos y hasta para trabajar, simplemente no podemos acceder al servicio, denuncia. En un contexto de maximizar el teletrabajo por las difíciles condiciones energéticas que atraviesa el país, considero que esto debería ser una prioridad, así como la información oportuna de lo que pueda estar sucediendo».
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