Tarragona se retira del estudio europeo que la situaba entre las ciudades con más consumo de cocaína
El municipio no permite este año acceder a los datos de sus aguas residuales a la agencia comunitaria que analiza el consumo de drogas alegando que el informe "no tiene rigor representativo"
El nuevo mapa del consumo de drogas: la cocaína reina en España y la ketamina crece en Europa
Algo no encaja en Tarragona. Los análisis de sus aguas residuales la sitúan como la segunda ciudad de Europa con mayor consumo de cocaína por habitante. Nadie, sin embargo, sabe explicar por qué.
Ante la falta de respuestas, el Ayuntamiento ha optado por dejar de facilitar datos para el estudio anual de la Agencia Europea sobre las Drogas (EUDA), que adelanta este miércoles elDiario.es en colaboración con la Urban Journalism Network tras analizar las cifras de 130 ciudades de 28 países.
“La realidad de la ciudad no se ve representada adecuadamente en el estudio”, sostienen desde la Empresa Mixta Municipal de Aguas de Tarragona (EMATSA), dependiente del consistorio y del grupo AGBAR. “Sitúa a la ciudad en un ránking incorrecto”, añaden.
Según los datos de 2023, 2024 y 2025, Tarragona (143.000 habitantes) solo aparece por detrás de Amberes (Bélgica) en consumo de cocaína por habitante, un ránking que ningún Ayuntamiento quiere encabezar. Desde el consistorio, no obstante, insisten en que la decisión de retirarse del estudio es “técnica” y lo atribuyen a la empresa municipal de aguas.
Los resultados han desconcertado tanto a responsables políticos como a los especialistas en drogodependencias. Todos, en algún momento, se han hecho la misma pregunta: ¿qué ocurre en Tarragona con la cocaína?
La primera reacción del Ayuntamiento, a través de la empresa de aguas, ha sido abandonar el estudio y cuestionar su metodología. “Las conclusiones que se extraen no cuentan con el rigor necesario en el ámbito geográfico ni en el muestreo”, señalan.
La compañía critica que los datos se basen únicamente en una de las dos depuradoras de la ciudad —la de mayor tamaño—, porque recoge aguas de municipios cercanos como Els Pallaresos (5.000 habitantes) y Constantí (7.000).
También cuestiona que hasta la fecha solo hayan participado cinco ciudades españolas y que algunos países, como Francia, no aporten datos en las ediciones previas (en 2026 sí se han analizado las aguas de París). Añaden que los laboratorios participantes no emplean exactamente los mismos métodos y por ello los resultados no son comparables.
Los expertos avalan el estudio
“Por supuesto que el estudio es fiable”, afirma José Benito Quintana, catedrático de Química Analítica en la Universidad de Santiago de Compostela. Explica que las muestras se recogen cada diez minutos, durante 24 horas y a lo largo de una semana, lo que permite obtener una fotografía representativa del consumo porque incluye a todos los perfiles que van al baño durante una jornada.
Los datos, además, se obtienen siempre en semanas sin grandes eventos o festividades, siempre en temporada baja turística, para que los resultados no estén distorsionados.
Rosa María Marcé, catedrática de la Universitat Rovira i Virgili y responsable del análisis de las aguas de Tarragona en años anteriores, también defiende el rigor del estudio y asegura que los resultados de los distintos laboratorios participantes son homologables.
“Todos analizamos de manera preliminar una muestra ciega”, apunta. “Si el resultado encaja en el rango previsto, significa que estamos alineados con el resto de laboratorios”.
Desde la EUDA, el epidemiólogo João Pedro Matias también subraya la validez del procedimiento y descarta que el hecho de que la depuradora incluya aguas de municipios cercanos altere los datos porque tienen muy poca población comparada con la de Tarragona.
Un fenómeno difícil de medir
Analizar y obtener datos sobre el consumo de drogas nunca es sencillo. Las encuestas a la población siempre están sesgadas, porque dependen de lo que declaran los propios usuarios y los decomisos policiales solo ofrecen indicios parciales.
“Las aguas residuales son una de las pocas herramientas objetivas disponibles”, señala Claudio Vidal, director de Energy Control, organización pionera en España en reducción de riesgos asociados al consumo.
Otro indicador son las demandas de tratamiento por adicciones. En Tarragona, sin embargo, este dato no apunta a un consumo especialmente elevado de cocaína.
En 2024, el 24,8% de las solicitudes de tratamiento en el Centro de Atención a las Drogodependencias de Tarragona estaban relacionadas con la cocaína (173 casos). La cifra es similar a la media catalana (24,1%, 3.617 solicitudes) y muy inferior a la estatal (47,6%, 21.818 peticiones).
Antoni Llort, antropólogo de la Universitat Rovira i Virgili que ha estudiado durante años el consumo de drogas en la zona, tampoco ofrece una explicación concluyente sobre lo que ocurre en Tarragona con la cocaína.
Apunta, sin embargo, a varios factores. “Tarragona concentra muchas interacciones humanas: trabajadores de refinerías, transportistas que entran y salen continuamente…”, explica. También señala a la cantidad de droga que entra por la zona. “El acceso es directo, los precios son asequibles y la calidad suele ser superior a la de otras ciudades como Barcelona”, añade.
Para concluir, Llort también menciona un fenómeno más amplio: la normalización del consumo de cocaína en España. Los datos de este año del propio estudio lo reflejan: de las 130 ciudades analizadas, cuatro urbes españolas —Lleida, Granada, Santiago y Barcelona— figuran entre las quince con mayor consumo.
El auge del consumo de cocaína en España y el resto de ciudades europeas
Concentración media diaria de cocaína en cada año (mg por 1.000 habitantes y día). Cada círculo es una ciudad y su tamaño indica la población. No se muestran las ciudades con valores más extremos en un año específico
European Union Drugs Agency (EUDA), SCORE (2026) / Urban Journalism Network (2026), elDiario
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Este artículo fue coordinado por la Urban Journalism Network y sus socios.
Gráficos: Bene Brandhofer, David Meidinger.
Coordinación: Hendrik Lehmann, Gaby Khazalova.