En agosto se filtraron imágenes del rodaje de ' Torrente Presidente '. El personaje, con su barriga y su pelo graso, daba un mitin junto a una pancarta con las siglas NOX. En aquel momento, el exministro José Luis Ábalos y su exasesor Koldo García eran investigados por turbios asuntos de comisiones ilegales y sabíamos que colocaban a sus queridas en empresas públicas. El caso de Santos Cerdán , secretario de organización del PSOE, estaba en pleno apogeo, como el de Begoña Gómez , esposa pentaimputada del presidente del Gobierno e hija de un señor que hizo dineros con saunas, y el hermano era investigado por prevaricación y tráfico de influencias. En aquel momento, si me hubiesen preguntado en qué partido político militaría un José Luis Torrente (amoral, putero, machista y corrupto) habría dicho que en el PSOE. Así que la imagen de un Torrente candidato por el ficticio NOX me pareció tendenciosa. Así lo escribí en redes sociales . Creo que dije algo como que, con la que estaba cayendo, aquello me parecía indecente y servil. Santiago Segura, en lugar de ignorar a una bocazas, respondió. Me afeó el juzgar una película por una sola imagen y me instó, con toda la razón, a verla antes de hablar. Le contesté que no estaba juzgando la película sino la instantánea filtrada y que él, mejor que nadie, es consciente del poder de una imagen: ahí, a golpe de vista, se asimilaban los despreciables atributos de un personaje a unas siglas reconocibles que no eran, precisamente, las que nos estaban sorprendiendo entonces (y siguen haciéndolo hoy) con sus fechorías. Podría haberme respondido, y me habría callado la boca, que aquello no era crónica sino ficción satírica , una crítica social humorística y desprejuiciada, que todo parecido con la realidad, más que una casualidad, es una putada. Con esa leyenda arranca 'Torrente Presidente'. Porque claro que he ido a verla. Y por eso hoy, como dije que haría de corresponder, vengo a la tecla, contrita, a presentar a Segura mis respetos y mis disculpas. A tragarme, una a una, mis palabras: no es servil (reparte a diestro y siniestro), me lo he pasado muy bien (tiene algunos de los cameos más sorprendentes que recuerdo y hasta explosiones) y me he reído mucho (no ha renunciado al humor más incorrecto). Harta como estoy del cine con moraleja y mensaje , de las lecciones morales y el discurso comprometido, de la imposición de paridad, la representación obligatoria de todos y cada uno de los colectivos vulnerables por orden alfabético, del reproche tuitivo y cansino hasta en la sopa, agradecí mucho que durante una hora y cuarenta minutos alguien me dejara en paz. Que, en lugar de pretender aleccionarme en lo que es legítimo, que me posicione, u obligarme a militar incansablemente en la exhibición de bondad, me permitiese, simplemente, entretenerme y pasar un buen rato. Y me temo que el hartazgo no es exclusivamente mío: la sala estaba llena, ha sido el mejor estreno en quince años (cuarto mejor en la historia del cine español) y ha recaudado casi siete millones de euros en su primer fin de semana. 'Torrente' no pretende ser ni crónica de este tiempo ni fiel reflejo de lo acontecido, no es informe de la UCO ni diario de sesiones. No exhibe buenas intenciones, ni inventaría errores, ni ajusta cuentas. Es, más bien, posmoderno espejo deformante en el viejo Callejón del Gato. Por eso algunos andan rabiando: la imagen que devuelve les hace poca gracia cuando la realidad supera al mordaz esperpento. Y a ver cómo se digiere eso. Háganme caso, dejen los prejuicios en casa y vayan a verla. Torrente Presidente es cine. Sin más. Y eso, hoy, es decir mucho.