En Castilla y León, como en tantas otras ocasiones de nuestra historia parlamentaria, las urnas no han entregado una aritmética cómoda, sino una responsabilidad compartida. La mayoría social que ha respaldado al Partido Popular y a Vox no es un mandato para la confrontación estéril, sino una exigencia de entendimiento. Armonizar sus propuestas no es un ejercicio de ingeniería táctica, sino una prueba de madurez política. Las dos formaciones comparten un suelo común amplio, la defensa de la unidad nacional, el compromiso con el mundo rural, la bajada selectiva de impuestos, el apoyo a la familia, la mejora de los servicios públicos esenciales y una política firme frente a la inseguridad. Ese terreno compartido debe convertirse en el soporte programático...
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