Sánchez aprobará el paquete de medidas para la guerra el viernes en un consejo de ministros extraordinario
La estrategia del Ejecutivo combina medidas estructurales y coyunturales. El objetivo es amortiguar el encarecimiento de los precios —especialmente de la energía y de algunos bienes básicos— si la escalada bélica en Oriente Medio termina teniendo efectos más profundos en la economía europea. En el Gobierno asumen que las turbulencias internacionales pueden acabar teniendo consecuencias internas si la guerra se prolonga.
El plan estará orientado, según trasladan fuentes del Ejecutivo, a proteger a los colectivos más vulnerables y a los sectores más expuestos a la subida de costes. La lógica que guía la operación recuerda a los escudos desplegados en anteriores crisis: intervenir antes de que el shock internacional se transforme en un problema político doméstico.
Mientras termina de perfilar el decreto, el Ejecutivo mantiene contactos permanentes con los grupos parlamentarios, los agentes sociales y los sectores especialmente afectados. En La Moncloa buscan asegurar los apoyos necesarios para que las medidas superen el trámite en el Congreso de los Diputados, donde la aritmética parlamentaria vuelve a ser el terreno decisivo. La guerra, como tantas otras veces en política española, empieza ya a tener su propia traducción interna.
El conflicto en Irán es la oportunidad que ha visto el Gobierno para que el Congreso le dé una victoria. Aunque sea solo una. El objetivo es armar una mayoría suficiente con la que sacar adelante el decreto que contendrá las medidas para hacer frente a los efectos económicos adversos que el conflicto en Oriente Medio está provocando y que ya se notan en el bolsillo de lo españoles. Las gasolineras son un buen termómetro. Y los carteles cambian a diario. Cada vez más céntimos.
El Ejecutivo culminó la semana pasada, a través del ministro de Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, la primera toma de contacto con los grupos parlamentarios. Fuentes gubernamentales explican a este diario que los socios del Gobierno –PSOE y Sumar– no han pactado paquete de medidas alguno.
Los socialistas, de hecho, se pusieron a negociar con el resto de partidos en la Cámara al margen de Sumar, que se ha visto apartado, entre otras cosas porque sus reclamaciones, un impuesto a las energéticas y un límite al precio de los alimentos, son inasumibles para algunos socios del Gobierno, como el PNV.