Cuando las palpitaciones despiertan miedo y preguntas
Este artículo fue publicado originalmente en El Día.
No es casualidad que las palpitaciones figuren entre los motivos de consulta más frecuentes en servicios de urgencias y consultorios de cardiología. Cuando el corazón, un órgano que normalmente trabaja en silencio, se hace notar, la reacción inmediata suele ser el miedo.
Para Eliomar García Bello, cardiólogo de los Centros de Diagnóstico y Medicina Avanzada y de Conferencias Médicas y Telemedicina (Cedimat), el término palpitaciones se agrupan sensaciones muy variadas y subjetivas. Algunas personas describen latidos rápidos, otras los sienten fuertes, irregulares o desordenados; hay quienes hablan de pinchazos breves o de una pausa seguida de un golpe intenso.
Esa diversidad explica por qué, para el médico, escuchar con atención la descripción del paciente es tan importante como cualquier estudio. La forma en que se siente el latido, su duración, si aparece en reposo o con esfuerzo, y si se acompaña de otros síntomas, orienta el diagnóstico desde el primer momento.
La buena noticia es que, en la gran mayoría de los casos, las palpitaciones no corresponden a una enfermedad cardíaca grave. Dijo que muchas veces se relacionan con latidos adelantados, conocidos como extrasístoles, que son muy comunes y habitualmente benignos.
Otras veces se deben a una aceleración del ritmo normal del corazón, como ocurre con el estrés, la ansiedad, el ejercicio, la fiebre o la falta de sueño. El problema es que, cuando aparecen, el cuerpo y la mente reaccionan como si se tratara de una amenaza inmediata.
Varias causas
García Bello describe que las causas que pueden desencadenar o intensificar las palpitaciones son variadas. El consumo de cafeína, alcohol u otros estimulantes, el estrés emocional, la deshidratación, la anemia o alteraciones hormonales, como las del tiroides, pueden actuar como detonantes.
En estos casos, el corazón responde a estímulos externos o internos sin que exista una cardiopatía estructural de base. Entender esto ayuda a bajar el nivel de alarma y a mirar el síntoma con mayor perspectiva.
“Uno de los mayores desafíos en la evaluación médica es que las palpitaciones son un síntoma subjetivo. El paciente las siente, pero no siempre coinciden con el momento en que se realiza un electrocardiograma”, apunta.
Por eso se habla de palpitaciones “no documentadas”, cuando el ritmo es normal durante el estudio, y palpitaciones “documentadas”, cuando se registra una arritmia coincidiendo con el síntoma. Ninguno de estos escenarios, por sí solo, implica gravedad.
Para intentar capturar lo que ocurre, el cardiólogo puede indicar un Holter, un dispositivo que registra el ritmo cardíaco durante 24, 48 o incluso 72 horas. En la práctica, pueden darse tres situaciones frecuentes: sentir palpitaciones y encontrar una arritmia; sentirlas y que el ritmo sea normal; o detectar arritmias sin que el paciente note absolutamente nada. En muchos casos, el resultado sirve más para tranquilizar que para alarmar.
Rápida evaluación
Sin embargo, hay señales que cambian el enfoque. La doctora manifiesta que hay síntomas que obligan a una evaluación más rápida y dirigida. La pérdida de conocimiento, los mareos intensos, el dolor u opresión en el pecho, la falta de aire importante, la presencia de una cardiopatía conocida o antecedentes familiares de muerte súbita a edad temprana son motivos para no postergar la consulta. En estos casos, el objetivo es descartar causas potencialmente serias.
En los últimos años, la tecnología también ha entrado en escena.
Refiere que los relojes inteligentes y dispositivos portátiles permiten registrar episodios esporádicos que antes pasaban desapercibidos. Aunque no sustituyen la evaluación médica ni el electrocardiograma tradicional, pueden aportar información útil cuando el síntoma ocurre fuera del consultorio. Aun así, la interpretación clínica sigue siendo la pieza central del proceso diagnóstico.
Sostuvo que “un aspecto poco visible, pero muy relevante, es la relación entre ansiedad y palpitaciones. Se trata de un vínculo bidireccional: la ansiedad puede generar palpitaciones y, a su vez, sentir el corazón alterado incrementa la ansiedad. Este círculo es extremadamente común.
Comprender que muchas palpitaciones son benignas reduce el miedo, y reducir el miedo suele disminuir la frecuencia del síntoma”.
El manejo depende siempre del contexto. En numerosos casos no se necesita tratamiento alguno. A veces basta con modificar hábitos: reducir el consumo de cafeína, dormir mejor, manejar el estrés e hidratarse adecuadamente.
Tratamientos eficaces
— La clave
Aclara que cuando se identifican arritmias relevantes, existen tratamientos eficaces y seguros. La clave está en individualizar cada caso y evitar tanto el alarmismo innecesario como la minimización de señales de alerta.
Un mensaje esperanzador
Los datos clínicos y la experiencia médica coinciden en un mensaje esperanzador: en personas sin cardiopatía estructural conocida ni banderas rojas, una proporción muy alta de las palpitaciones termina siendo benigna o fácilmente manejable.
Escuchar al cuerpo, consultar cuando corresponde y entender lo que ocurre transforma el miedo en conocimiento y el conocimiento en tranquilidad.
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