Cuando todos quieren salir por la misma puerta
Los mercados financieros tienen la extraña manía de recordarnos, tarde o temprano, conceptos obvios tales como que, si un activo es ilíquido, el producto financiero que lo contiene también lo será, por mucho que se le intente disfrazar. En esta línea, durante años, el crédito privado, que es la financiación que algunos fondos de inversión conceden directamente a empresas con dificultades para pasar por el sistema bancario tradicional o por el mercado de bonos corporativos, ha tenido un crecimiento explosivo desde la crisis financiera de 2008. Todo ello debido a la mayor regulación bancaria, la búsqueda de una rentabilidad más elevada en épocas de tipos de interés bajos y a la demanda de las empresas de poder acceder a una financiación más ágil y flexible.
Con estos mimbres, parece evidente que hay una serie de riesgos que no debemos olvidar como la menor liquidez y transparencia, así como el mayor riesgo de impago, dado que esas empresas tienen activos que no cotizan en los mercados y que tardan en venderse, a veces con pérdida de valor. Sin embargo, la ironía de este modelo es que se comercializan ofreciendo a los inversores ventanas periódicas para hacer reembolsos, algo que funciona siempre que no haya una salida masiva de partícipes, que es lo que ya ha ocurrido recientemente a un fondo vinculado a BlackRock y antes a otros menos conocidos, volviendo a recordar que la liquidez no se crea por decreto ni porque lo diga un folleto. Se trata de una situación que ha puesto en alerta a los inversores que se preguntan que, si esto le ocurre a la mayor gestora de activos del mundo, qué les puede pasar a los demás.
El problema no está en el crédito privado sino en la narrativa excesivamente optimista sobre su estabilidad y liquidez que lo acompaña y lo ocurrido pone el foco sobre una cuestión estructural de los mercados privados, la dificultad de gestionar la liquidez en vehículos que invierten en activos que son inherentemente ilíquidos. Recordemos que, en finanzas, como en un teatro lleno de gente, la puerta de salida parece enorme hasta que todo el mundo intenta salir a la vez.
Juan Carlos Higueras es doctor en Economía y Vicedecano de EAE Business School