Europa ha respondido con rechazo político al alivio temporal impulsado por Estados Unidos sobre el crudo ruso. Bruselas y las principales capitales comunitarias insisten en que la crisis abierta en torno a Irán no puede traducirse en una relajación de la presión económica sobre Moscú, mientras la guerra en Ucrania sigue condicionando la estrategia energética y diplomática del bloque