El Pentágono proclama avances en la guerra con Irán mientras crecen las bajas y la tensión energética mundial
Mientras el conflicto entre Estados Unidos e Irán entra en una fase cada vez más incierta, el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, aseguró este viernes que la ofensiva militar está debilitando de forma decisiva al régimen iraní. Según afirmó, el nuevo líder del país persa se encuentra “herido y probablemente desfigurado” tras los ataques, en lo que describió como una señal del impacto de la campaña militar.
Sin embargo, el optimismo expresado por el jefe del Pentágono contrasta con la persistencia de combates en la región, las bajas militares y las crecientes repercusiones económicas globales derivadas del conflicto.
Durante una rueda de prensa en el Pentágono, Hegseth sostuvo que las fuerzas estadounidenses han infligido daños severos a la infraestructura militar iraní. “La conclusión es clara: Estados Unidos está diezmando la capacidad militar del régimen iraní”, afirmó el secretario de Defensa, quien destacó que las líneas de producción militar, plantas industriales y centros de innovación defensiva de Teherán han sido golpeados por los ataques.
El responsable del Pentágono también aseguró que la intensidad de los ataques iraníes ha disminuido significativamente desde el inicio de la guerra el mes pasado. Según sus datos, el lanzamiento de misiles balísticos por parte de Irán se ha reducido en un 90 %, mientras que el uso de drones de ataque habría caído un 95%.
Pese a esas afirmaciones, la guerra continúa cobrándose víctimas. En las últimas horas, el mando militar estadounidense confirmó la muerte de seis miembros de la Fuerza Aérea tras el choque de un avión cisterna KC-135 con otra aeronave en el oeste de Irak. La aeronave participaba en las operaciones de reabastecimiento aéreo que sostienen la ofensiva militar en la región.
Inicialmente se confirmó la muerte de cuatro tripulantes y la desaparición de otros dos, pero el Comando Central de Estados Unidos informó posteriormente que todos los ocupantes fallecieron en el accidente. Con estas muertes, el número de militares estadounidenses fallecidos en el conflicto asciende ya a al menos once, además de un soldado francés.
El Pentágono también ha reconocido que más de 140 soldados estadounidenses han resultado heridos desde el inicio de las operaciones militares.
Mientras tanto, los ataques iraníes continúan golpeando objetivos energéticos y comerciales en el Golfo Pérsico. Drones iraníes han alcanzado varios petroleros en la región y el tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz —una de las arterias energéticas más importantes del mundo— prácticamente se ha paralizado.
La interrupción de esa ruta estratégica ha provocado un aumento en los precios internacionales del petróleo y ha generado preocupación entre los mercados y los gobiernos que dependen de ese flujo energético.
Aun así, Hegseth restó importancia a la situación. El secretario de Defensa minimizó los temores sobre posibles minas navales en el estrecho de Ormuz, pese a que el ministro de Defensa británico, John Healey, había advertido que Irán podría haber comenzado a sembrar explosivos en la zona.
“Estamos manejando esa situación”, dijo el jefe del Pentágono, descartando que exista un motivo de alarma inmediata.
Por su parte, el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine, quien lo acompañó en la rueda de prensa, se centró en destacar el desempeño de las tropas estadounidenses desplegadas en la región, aunque ofreció pocos detalles nuevos sobre el estado estratégico del conflicto.
De hecho, ni el Pentágono ni la Casa Blanca han explicado con claridad cómo podría terminar la guerra ni cuáles serían las condiciones para una eventual negociación o alto el fuego.
En cambio, Hegseth insistió en definir lo que la guerra no será. Según dijo, el presidente Trump ha dejado claro que Estados Unidos no pretende embarcarse en una intervención prolongada ni en proyectos de reconstrucción política en Irán.
“No habrá expansión de la misión, ni plazos interminables, ni construcción de naciones ni imposición de democracia”, aseguró.
El secretario de Defensa también apeló a su fe durante la comparecencia, una práctica que ya había repetido en conferencias anteriores. “Sirvo a Dios, a las tropas, al país, a la Constitución y al presidente de Estados Unidos, y respondo solo ante ellos”, afirmó.
Mientras Washington insiste en presentar la guerra como una operación contenida y exitosa, la realidad sobre el terreno —con ataques persistentes, tensiones energéticas globales y bajas militares— sugiere que el conflicto aún está lejos de resolverse.