Tanto el yogur como el kéfir llevan miles de años formando parte de nuestra alimentación. Son alimentos fermentados y esto significa que para su elaboración 'trabajan' bacterias que transforman la leche y aportan nuevos compuestos que interactúan con nuestra microbiota y aportan beneficios para nuestra salud y más si los consumimos de forma habitual. De los efectos más demostrados de los yogures es que nos van a ayudar en la digestión de la lactosa. Y esto ocurre porque durante la fermentación, las bacterias lácticas van a producir una enzima llamada β-galactosidasa (lactasa), que es la que nos ayuda a descomponer la lactosa en azúcares de mejor digestión. Por eso muchas personas con intolerancia leve a la lactosa van a tolerar...
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