No ya decenas, sino cientos de historias se acumulan entre los diferentes grupos de Whatsapp creados por los viajeros a los que el conflicto en Oriente Medio les ha pillado de viaje en Asia. 'Españoles atrapados...' seguidos de lugares como Sri Lanka, Malasia o Nepal suman cerca del millar de integrantes entre todos, y a pesar de estar tan lejos unos de otros, todos relatan denominadores comunes: nula comunicación con las aerolíneas -sobre todo en los primeros días-; muy poca ayuda por parte de las embajadas españolas y el Gobierno; y desamparo, rabia e incertidumbre como sentimientos generales. La historia de Pedro es digna de película. Mientras viajaba con sus hijos, de 3 y 10 años por Asia, la furgoneta en la que se desplazaban se estropeó. Eso les hizo quedarse detenidos cerca de Kuala Lumpur durante tres meses, esperando la reparación. La idea era regresar con ella a Reino Unido, donde vivían, pero la entrega de la furgoneta se demoró tanto que ya no les quedaba tiempo para el viaje por carretera debido a que su visado caducaba. "Entonces decidí enviar el automóvil por barco. La idea era que nosotros viajásemos en avión el pasado fin de semana, un par de días antes de que se nos terminaran los permisos de residencia", relata por teléfono. No obstante, la guerra en Oriente Medio desbarató todos sus planes. Y no sería el último problema: Pedro, que llevaba semanas encontrándose mal del estómago -ha llegado a perder 10 kilos-, tuvo que ser ingresado en un hospital malasio. "En todos decían que no permitían niños, hasta que finalmente encontré uno donde lo consintieron", cuenta ya de regreso en su alojamiento tras pedir el alta voluntaria para tratar de gestionar todo este papeleo. En paralelo, pidió ayuda a la embajada española en Kuala Lumpur. "Les conté mi situación, que viajaba solo con dos menores, pero me dijeron que no podían hacer nada". Llamó una segunda vez, ya ingresado en el hospital, para que le socorrieran con los trámites. "Me dijeron que no eran una gestoría, y que la única opción que tenía era seguir de ilegal en el país, que me dejarían salir con una multa y que después me pondrían en una lista en la que no me permitirían volver nunca", dice Pedro, que cuenta cómo se sintió más juzgado que apoyado en aquella llamada. De hecho, no ha sido hasta que una veintena de integrantes del grupo de Whatsapp 'Españoles atrapados en Kuala Lumpur' se ha acercado a la delegación con su caso cuando se han puesto en contacto con él para pedirle perdón -no sin antes empezar con una conversación tensa en la que se le ha reprochado su forma de actuar-. "La situación ha llegado a un punto en el que ya te faltan las fuerzas", dice. De momento, ha comprado un vuelo para el día 14 de marzo con Qatar Airways con escala en Doha por unos 1.600 euros por persona, esperando que les reubiquen llegada la fecha si aún está cerrado el espacio aéreo en Oriente Medio. "Tengo a mi familia desesperada: mi hermano quiere venir a ayudarnos, pero la situación está igual si vuelas desde España -lamenta-. Yo solo quiero volver, estar con mis padres, que vean que me estoy recuperando, y que estén con sus nietos". Algo parecido está viviendo Azucena, que viajó con su familia -incluidos dos menores de 14 y 15 años- por vacaciones a Malasia. La vuelta estaba programada para el día 2, pero su compañía, Etihad Airways, les retrasó el vuelo al día 6, sin ponerles un hotel ni hacerse cargo de sus gastos. Dos horas antes del despegue, no les dejaron coger el avión. «A los que iban a Moscú, Roma, Milán y Londres les dejaron pasar. Los que nos dirigíamos a Madrid no pudimos volar porque, según nos dijeron, nuestro vuelo a Abu Dabi estaba cancelado y allí no nos podíamos quedar, sólo podían ir pasajeros en tránsito y residentes», cuenta. De momento, tienen otro vuelo con la misma escala para el día 16 de marzo, aunque temen que vuelva a ocurrir lo mismo. Desde la compañía, silencio, aunque hay a quien Etihad ha cobrado tasas adicionales de hasta 900 euros por cambiarles la fecha. "Estamos desesperados, y quienes peor están son los niños, que están perdiendo colegio y exámenes. Intentamos levantarles el ánimo y esperamos que nos digan algo desde la embajada, pero no nos solucionan nada". Blanca llevaba un año viviendo en Australia y para el final de su estancia paró en el sudeste asiático para viajar tres meses con sus amigos. Tenía la vuelta el día 7 desde Kuala Lumpur a Abu Dabi, pero entonces llegó la guerra y cancelaron su vuelo. "Por mis medios he retrasado el vuelo al día 13 de marzo, pero me temo que volverá a pasar lo mismo", dice por teléfono. "He barajado con mis padres comprar un vuelo, pero económicamente es inviable. Están por 10.000 euros y yo no los puedo pagar. Lo más barato es a India, que son 2.500, pero tendría que tirar de ahorros o de ayuda". Ella estuvo en la reunión de una veintena de integrantes del grupo de Kuala Lumpur en la embajada española. "Estuvimos tres horas, pero no sacamos mucho en claro. Solo un número para asistencia médica y otro para ayuda económica, pero ya nos dejaron claro que era muy difícil optar a esa asistencia". Joshua, atrapado con su amigo también en Kuala Lumpur, ha experimentado, como algunos de ellos, un nuevo escollo: "El banco en España nos han bloqueado las tarjetas por 'presunto fraude', al estar viviendo el día a día, contratando hoteles sobre la marcha y vuelos extremadamente caros de un día para otro", dice. La situación no mejora en otros países asiáticos. Existen varios grupos de españoles en Sri Lanka en los que cuentan historias similares a las de Malasia. Patricia viajaba con una amiga con la vuelta programada para el 7 de marzo con Qatar Airways. "Cuando estalló todo el 28 de febrero teníamos esperanzas de que reabrieran cuando volábamos, pero según iban avanzando los días se complicaba la cosa y los pasajes iban subiendo y se reducían las posibilidades", explica. Al final, el día 3 de marzo decidieron comprar vuelos vía Bangkok, de ahí a Seúl y, finalmente, Madrid. "Mi amiga ya tuvo que pedir ayuda económica a familiares para este viaje y yo me encuentro en paro, con lo cual ha sido doloroso", cuenta Patricia. Vicki estaba con su novio de vacaciones. Ella se volvía el día 7 y su pareja continuaba por Tailandia unos días más. "Aunque cancelaron mis vuelos, decidimos que él siguiera porque desde allí era más fácil regresar a España", cuenta ahora sola desde su alojamiento en Colombo. De momento está a la espera de una reubicación porque dice que no tiene garantías de que le vuelvan a anular los billetes. En cuanto a la ayuda, ambos se acercaron a la oficina del consulado, porque allí no hay embajada. "Es una vergüenza, pero allí nadie sabe español -lamenta-. Solo te dicen que envíes un email a la embajada en Nueva Delhi y que la aerolínea es la responsable". En cuanto su estado anímico, Vicki lo describe como "una montaña rusa": "Intento estar todo lo positiva posible, porque estoy en un país fuera del conflicto. Pero estoy buscando a alguien por la zona, por lo menos para poder hablar, porque no quiero preocupar más a mi familia".