Liz Austin, el caballo como refugio tras el cáncer
El 6 de marzo en Wellington (Florida) se celebró la última edición del Challenge of the Americas, uno de los eventos solidarios más reconocidos del calendario ecuestre estadounidense. La cita, organizada durante años para recaudar fondos destinados a la investigación del cáncer de mama, reunió a jinetes y amazonas del mundo de la Doma Clásica.
Entre los participantes estuvo la amazona americana Liz Austin después de superar un cáncer de mama y con una mirada distinta sobre su deporte. Austin conoce bien el Challenge of the Americas. Había participado en él en otras ocasiones desde 2010. Esta edición su presencia tuvo un significado personal mucho más profundo: fue diagnosticada de cáncer de mama a comienzos de 2024, cuando tenía 39 años. Tras detectar un bulto en el pecho acudió a realizarse pruebas médicas que confirmaron un cáncer en estadio III con expresión HER2 positiva, una forma agresiva de la enfermedad.
El tratamiento fue largo y exigente. Incluyó quimioterapia, una doble mastectomía y radioterapia. Durante ese periodo, Austin continuó dirigiendo su negocio de entrenamiento de jinetes, Liz Austin Dressage, con sedes en Massachusetts y Florida, y siguió vinculada a su vida en la cuadra.
En medio de ese proceso, los caballos jugaron un papel que va mucho más allá del deporte. Austin lo ha explicado con naturalidad: el contacto diario con ellos le ayudó a mantener la calma y la rutina en momentos de gran incertidumbre. Para muchos jinetes, el caballo termina siendo una especie de psicólogo que no juzga, que no pregunta y que simplemente está ahí.
En el caso de Austin, ese vínculo fue determinante durante la enfermedad. Apenas dos días después de someterse a la mastectomía volvió a la cuadra para visitar a uno de sus caballos de Gran Premio, "Coltrane". Aquella visita no fue un entrenamiento ni una sesión de trabajo. Fue un momento necesario emocionalmente. El tratamiento oncológico concluyó en abril de 2025 y desde entonces los controles médicos han confirmado que la amazona se encuentra sana.
Austin participó en una cuadrilla especial denominada Precision in Pink, integrada por diez caballos y concebida como homenaje a las personas que han sufrido esta enfermedad. Dentro del equipo había otras amazonas que también han atravesado procesos similares. La amazona salió a la pista con "Leopardo", un caballo que ya había sido montado anteriormente por una de sus alumnas y que volvió a competir en esta actuación. El equipo llevaba entrenando desde enero para preparar la coreografía que presentaron en Wellington.
La historia de Liz Austin recuerda además algo que el mundo del caballo conoce bien: la equitación es un deporte que no entiende de edades. A diferencia de otras disciplinas deportivas, la relación con el caballo puede prolongarse durante toda la vida. Muchos jinetes siguen montando durante décadas y el aprendizaje no se detiene nunca. A Liz le quedan muchos años encima de un caballo.