Las exmonjas de Belorado se mudan a Orduña por su desahucio
Hay quien fabuló con los GEO entrando en el convento para sacar a un grupo de monjas atrincheradas. La imaginación se disparaba con la posibilidad de ver a las inquilinas encadenadas a un icónico ciprés en el claustro cual baronesa para no ser expulsadas. Ni lo uno ni lo otro. El desahucio de las clarisas cismáticas del convento burgalés de Belorado está siendo más prosaico de lo esperado. Tanto como la furgoneta de alquiler que este lunes se adentraba en clausura a través de la cancela del huerto para recoger los penúltimos enseres de las siete mujeres que forman parte del grupo.
El Juzgado de Primera Instancia e Instrucción nº1 de Briviesca fijó para el próximo jueves a las nueve y media de la mañana la hora límite para que abandonaran el monasterio sin prórroga alguna. Y es que, el grupo liderado por la exabadesa, sor Isabel de la Trinidad, ha agotado todos los recursos interpuestos para invalidar las sentencias y a la propia jueza del caso. No les queda más remedio que marcharse prácticamente dos años después de que en mayo de 2024 decidieran escindirse de la Iglesia católica, por lo que en principio se presentaba con un cisma ideológico y teológico de tintes preconciliares. Sin embargo, a medida que fueron avanzando las semanas y los meses, con la aparición lo mismo de un falso cura coctelero que de un complejo entramado inmobiliario, pasando por una cuestionable venta de lingotes de oro y un criadero ilegal de perros, quedó al descubierto que su mirada tridentina quizá era lo de menos.
Con la camioneta de OneFurgo en la puerta, las exconsagradas rematan en estos días la mudanza al convento de Orduña, en Vizcaya, otra de las propiedades vinculadas a la comunidad. Situado a unos cien kilómetros de Belorado, ya el pasado verano comenzaron a trasladarse a este emplazamiento. Hasta allí, no solo llevaron a las cinco religiosas ancianas para adelantarse al desahucio. El pasado mes de noviembre la Guardia Civil irrumpía en el lugar para comprobar si allí se encontraban algunas de las piezas que formarían parte de una operación de supuesto tráfico ilegal de arte sacro que habría capitaneado la lideresa del grupo.
Así pues, pocos objetos personales de la siete exmonjas quedarían dentro de Belorado. El responsable de Comunicación del grupo cismático, Francisco Canals, explicó ayer que cinco ya estarían asentadas en Orduña, mientras que las otras dos estarían rematando la mudanza. De hecho, garantizó que «han limpiado a contrarreloj el convento, que tiene más de 3.500 metros cuadrados y más de 30 habitaciones». «No queremos que el arzobispo venga después con su fotógrafo y haga una campaña de cómo me dejaron el convento», apostilló.
En cualquier caso, su presencia en Orduña sería temporal puesto que desde hace unas semanas están buscando otro destino definitivo. Según Canals, habrían recibido «hasta cuarenta ofertas y ya tienen cuatro finalistas, con fincas rústicas en el norte de España». Al parecer, uno de estos espacios que barajan podría estar ubicado en Toledo. A esto hay que unir que sobre Orduña también hay un proceso de desahucio abierto, que va algo más lento que el de Belorado, pero que está llamado a concluir igualmente con su expulsión.
«Se nos está queriendo aplastar y eliminar, porque igual tenemos algo que decir que no quieren que se oiga», dejaba caer ayer sor Paloma en video selfie, denostando así la sentencia que avala su salida. Aun sí, mostró su as en la manga del hábito: «Nos han querido quitar hasta el futuro, pero eso no depende de ellos sino de Dios».