Surgen las primeras divisiones en la cúpula del régimen iraní en pleno bombardeo americano
La guerra ha comenzado a mostrar serias divisiones dentro de la jerarquía del poder en Irán. Tras el asesinato del líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, las tensiones entre las facciones de línea dura y los sectores más pragmáticos del régimen han salido a la superficie en un momento que la élite gobernante considera existencial para la República Islámica. La controversia más clara ha aparecido en las últimas horas -según la agencia Reuters- después de que el presidente Masoud Pezeshkian prometiera que Irán no atacaría a los países del Golfo y expresara disculpas por los bombardeos. La declaración provocó una reacción inmediata entre los sectores más duros del régimen, en particular dentro de la Guardia Revolucionaria y de parte del estamento clerical, que consideraron sus palabras una muestra de debilidad.
El clérigo y legislador Hamid Rasai criticó públicamente al presidente y calificó su postura de «débil e inaceptable». Posteriormente, Pezeshkian repitió su mensaje en redes sociales, pero eliminó la disculpa que había provocado el enfado de los sectores más radicales, en lo que analistas interpretaron como una retirada forzada.
Fuentes cercanas al liderazgo iraní indicaron que las tensiones se han intensificado entre las principales figuras que siguen en pie tras la serie de ataques y asesinatos selectivos que han golpeado a la cúpula del régimen. Aunque todos coinciden en defender la supervivencia de la República Islámica, existen desacuerdos sobre la estrategia a seguir en plena guerra.
Al mismo tiempo, los clérigos han acelerado el proceso para elegir a un nuevo líder supremo. La decisión podría tomarse en los próximos días, aunque no está claro si el sucesor tendrá la autoridad suficiente para mantener la cohesión del sistema.
Entre los posibles candidatos figura Mojtaba Jamenei, hijo del líder fallecido, considerado favorito por su cercanía a la Guardia Revolucionaria. Sin embargo, su perfil genera resistencias dentro del propio establishment, ya que no posee el peso religioso de otros ayatolás de alto rango y despierta recelos entre sectores más moderados.