Fue el invitado que nadie esperaba en una fiesta que tenía a
otros protagonistas ‘a priori’. Pero es lo mejor que puede suceder, sorprender
cuando pocos confiaban. No en su cualidades, que para algo se empeñó
Diego
Pablo Simeone, sino en que él fuera el futbolista determinante en un partido en
el que los focos apuntaban a los
Antoine Griezmann, Alexander Sorloth o
Julián
Álvarez.
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