El extraño papel del CNI en los atentados del 11M, trasfondo de la nueva novela de Fernando Rueda
- Infiltrado en el entorno de ETA
- Oposición a Fujimori
- Una carta
- Lo que pasó en la sede del CNI el 11 M
- Alerta a la policía sobre unos islamistas
- Una petición desde Moncloa
- Se busca un traidor
- Nueve años de prisión
- Entregado por el KGB
- Papeles en su casa
- No se demostró
El ex espía Roberto Flórez, condenado por vender información a Rusia, decidió abandonar el Centro cuando comprobó que la información que el CNI daba al Gobierno sobre el 11 M apuntaba a ETA y no a islamistas a pesar de que tenían ya sospechas sobre estos últimos.
Así se refleja en la nueva novela de Fernando Rueda, principal especialista español en servicios secretos y espionajes, titulada “No me llames traidor”, que será presentada precisamente el 11 M, y a cuyo contenido ha tenido acceso excepcionalmente Confidencial Digital.
La novela está inspirada en la figura de Roberto Flórez, ex agente del CNI, condenado por traición y que acabó en la cárcel acusado de ser agente doble al servicio de Rusia.
Infiltrado en el entorno de ETA
Nacido en 1965, Flórez ingresó a la Guardia Civil con 19 años y, siendo cabo, en 1992 fue reclutado por el servicio de inteligencia, junto a otros agentes que serían destinados al País Vasco para espiar a ETA.
Entabló relación con miembros de la banda terrorista a un nivel bastante alto, lo que proporcionó informaciones relevantes. Sin embargo, ante el riesgo de ser descubierto por ETA, en 1997 el Servicio lo trasladó a Perú, como ayudante del agregado de información de la embajada.
Oposición a Fujimori
Flórez logró infiltrarse en las altas esferas políticas, en concreto, en el partido Perú Posible, la fuerza opositora al gobierno de Alberto Fujimori, y se ganó la confianza de Alejandro Toledo, quien años más tarde se convertiría en presidente del Perú.
Su identidad salió a la luz en el año 2000, lo que provocó un escándalo y el inmediato regreso a España.
De vuelta en Madrid, mantuvo contactos con agentes de la División de Contrainteligencia, sobre todo los vinculados a operativos en Rusia, país al que incluso llegó a ser destinado en enero de 2004, si bien solo permaneció allí un mes antes de pedir -se dijo que forzado- la baja del servicio de inteligencia.
En 2007, Flórez, que se había retirado a vivir a Puerto de la Cruz (Tenerife), fue detenido, acusado de espiar para Rusia.
Una carta
Investigando para este libro, cuenta Fernando Rueda, se encontró con una carta que, cuando estaba en la cárcel, Roberto Flórez había mandado a Juan Gutiérrez, el director de Gernika Gogoratuz, una organización vasca mediadora en conflictos, en la que le contaba una pequeña historia sorprendente: la persona que investigó su papel como agente doble al servicio de los rusos, el director de Inteligencia del CNI, el día del 11 M encargó un informe al área de terrorismo internacional en el que explicaba por qué los responsables de los atentados no podían ser yihadistas.
En la carta, desvelada en el documental “Mudar la piel”, Flórez escribe: “El 11-M me llevó a abandonar el CNI después de retrasar la decisión 7 años. Reformular mi proyecto vital (…) Por una acusación de traición que no cometí estoy en la cárcel. (…) Cuando el Director de Inteligencia, que es el que dirigió la investigación en que se basa mi acusación, ordenó a los compañeros de contraterrorismo islámico que elaboraran un informe que expusiera por qué no era el terrorismo islámico el autor del 11-M para enviárselo al presidente, nuestro asombro no pudo describirse. No se negaron y se pusieron a la tarea”.
Lo que pasó en la sede del CNI el 11 M
La novela recrea lo que pasó en la sede del Centro Nacional de Inteligencia el 11 de marzo de 2004, cuando se produjeron los atentados.
“Antes de que le comunicaran oficialmente el traslado, ocurrió en España una de las mayores desgracias de la época. El 11 de marzo, a las 7,39, tres bombas estallaron en un tren procedente de Guadalajara que llegaba a la estación de Atocha. Tres minutos después, otras cuatro explotaron en otro tren que circulaba a 500 metros de esa parada, a la altura de la calle Téllez. Al mismo tiempo, se registraban otras dos explosiones en las estaciones de El Pozo y Santa Eugenia. Fallecieron 193 personas y más de 2.000 resultaron heridas.
“Ese día fue una locura en los edificios de la Cuesta de las Perdices, muchos se volcaron en buscar información sobre los desconocidos terroristas responsables de aquella matanza. Otros, como Beto, asistieron al espectáculo desde la distancia, gracias a las emisoras de radio y televisión. En las horas posteriores a los ataques, no llegaron datos a las divisiones sin implicación directa en la investigación. Se limitaron a asistir al mismo debate que el resto de españoles: ¿Ha sido ETA o el terrorismo yihadista?
Alerta a la policía sobre unos islamistas
“El guardia civil aprovechó esa noche para hablar con amigos de otras áreas y fue armando un puzle bastante excéntrico. Desde la División de Contraterrorismo le llegó la información de que el servicio había estado enviando alertas en los últimos meses a la Policía solicitando que buscaran a un grupo de yihadistas, encabezados por Allekema Lamari, un peligroso terrorista procedente del GIA argelino, que, tras pasar por la cárcel, había salido aún más radicalizado amenazando con vengarse de España. Beto se quedó sorprendido, descolocado, cuando le explicaron que la última alerta lanzada por el servicio era de tres o cuatro días antes. Unos días después, quedó con Nacho, no entendía lo que estaba pasando.
-¿Me puedes explicar la razón por la que, habiendo lanzado una alerta por un posible atentado yihadista, a las pocas horas el director informa al presidente de que no se sabe si ha sido ETA o los yihadistas?
-Es que no nos creemos ni nuestras propias informaciones.
-El Gobierno ha intentado convencer a la gente desde el primer momento de que ha sido ETA, cuando ya sospechaban de los yihadistas.
-¡Anda que nosotros!, hemos hecho lo que ha ordenado el Gobierno. ¿Dónde queda eso de entregar la información que tenemos y allá ellos lo que hagan? Nada, nos dicen lo que tenemos que escribir en los informes y ya está.
Una petición desde Moncloa
-¿Llegamos a tanto? ¿Tú crees?
-Un amigo de Terrorismo Internacional me ha contado que el director de Inteligencia, Manuel Villar, les encargó elaborar un informe que expusiera por qué los yihadistas no eran los autores de los atentados, para enviárselo al presidente. ¿Sabes quién se lo había pedido? –era una pregunta retórica, pero él mismo la contestó-: el palacio de la Moncloa.
-No me jodas, ¿se negaron? –preguntó Beto asombrado.
-Lo grave es que no, se pusieron a la tarea.
“Estos comportamientos desmoralizaron a una parte de los agentes y, entre ellos, a Beto. ¿A quién servía realmente el servicio? Se percató una vez más de que el juego, como un ente aparte, por encima de todos los jugadores, contando con aquellos leales capaces de hacer cualquier cosa por mantener su estatus o subir peldaños, había decidido que el servicio se pusiera a trabajar en apoyo de los que estaban en el poder.
“Pasadas unas pocas fechas, tras el cambio de gobierno, se ratificó en su reflexión cuando vio cómo el mismo servicio que había seguido órdenes de un ejecutivo conservador, se alineaba sin problema al lado de otro de izquierdas y modificaba su propio discurso anterior para maquillar la versión de lo sucedido. Así convencían a los recién llegados de que ellos habían ofrecido una información objetiva y de calidad, que habían alertado previamente de la amenaza yihadista pero no quisieron hacerles caso”.
Se busca un traidor
Además de lo que cuenta la novela de Fernando Rueda, la historia de Roberto Flórez es la siguiente.
Desde el año 2002, el CNI venía viendo cómo eran neutralizadas sus operaciones en Rusia por parte del servicio de inteligencia de Vladimir Putin. Pero en 2005, cuando uno de sus colaboradores rusos desapareció, y tras la detención de Sergei Skripal, concluyó que tenían un topo, sospechas que sería confirmadas con ayuda de la CIA.
Las investigaciones condujeron, en 2007, a la detención de Flórez, quien se había retirado a vivir a Puerto de la Cruz (Tenerife). En su domicilio se encontró la copia de una carta enviada, en diciembre de 2001, a la Embajada de Rusia en España ofreciendo sus servicios como topo. Solicitaba el pago de 200.000 dólares (145.000 euros) a cambio de información sobre las operaciones secretas del CNI en Rusia.
Nueve años de prisión
Juzgado en la Audiencia Provincial de Madrid, en febrero de 2010 fue condenado por traición a 12 años, y en diciembre el Supremo rebajó la pena a 9 años.
Ingresó en la prisión de Estremera, una de las más modernas de Madrid, a 70 kilómetros de la capital, y con solo dos años de cumplimiento empezó a disfrutar de salidas prácticamente secretas. Su esposa se trasladó a Madrid para estar cerca de su marido.
Cumplida la pena, hoy se encuentra en libertad, aunque en paradero desconocido. Desde que fue condenado, se ha mantenido en silencio y sin protagonismo alguno, posiblemente tras algún acuerdo con el propio CNI
Entregado por el KGB
El CNI presentó la detención como una exitosa operación de contraespionaje, en lugar de reconocer un fallo grave de seguridad. Según escribió en su día Fernando Rueda, era imposible que hubiera sido producto de una investigación interna, precisamente porque Flórez hacía tres años que ya no pertenecía al Centro
La sospecha sobre la delación de Flórez apuntó a los servicios secretos rusos, que lo habrían entregado a cambio de algún trueque entre servicios de inteligencia, por considerar que se trataba de un topo que había dejado de tener utilidad para ellos.
Papeles en su casa
Lo sorprendente fue que, a pesar de llevar ya tres años fuera del Servicio, encontraran en su casa documentos del CNI. La defensa argumentó que, cuando se efectuó el registro en el domicilio del ex agente, los que lo practicaron sabían exactamente dónde se encontraban ocultos.
El material incluía una relación de autoridades a las que se remitía informes de inteligencia, y documentos referidos a las delegaciones del CNI en el exterior, a su estructura e, incluso, un listado del personal por orden alfabético.
Se la acusó de haber obtenido toda esa documentación secreta con la intención de ofrecérsela a los servicios secretos de Rusia, y de haber suministrado, entre 2001 y 2003, numerosos informes confidenciales al SVR, el servicio de inteligencia de Moscú.
No se demostró
La novela se titula “No me llames traidor” porque Roberto Flores sostuvo, y lo mantiene ahora, que no se demostró que había trabajado para Rusia.
Aceptó que en su casa encontraron numerosos documentos clasificados pertenecientes al CNI, pero añade que no se demostró que hubiera pasado material a los servicios secretos de Moscú. Había papeles en su casa, pero no se certificó que hubiera filtrado documentos.
Y sobre el material en su poder, muy abundante, Flórez insistió en que los agentes que lo detuvieron conocían perfectamente la existencia de ese material. ¿Cómo lo sabían?