Sevilla lleva décadas caminando directa hacia un cambio de tendencia alarmante en lo demográfico que constituye a su vez todo un hito en la ciudad. Actualmente, el porcentaje de personas que habitan tanto la capital como la provincia sevillana y que pertenecen al abanico de 16 a 64 años asciende a un 67 por ciento, es decir, ocho puntos más que hace menos de medio siglo, tal y como recoge el Instituto de Estadística y Cartografía. ¿Pero por qué Sevilla está cada vez más envejecida? ¿Por qué no se tienen más hijos? El ofrecido es uno de los grandes picos a los que ha llegado la distribución porcentual de la población en toda su historia, cuyos datos pertenecientes a la Junta de Andalucía en 1980 reflejaban una realidad para muchos añorada y radicalmente distinta. El 32,3 por ciento de la población en Sevilla por entonces la conformaban menores de 16 años, entre los que se incluyen, por supuesto, los bebés. Un dato que explica la peligrosa crisis de natalidad que atraviesa la provincia sevillana, que hoy por hoy ha visto tumbado ese dato con un 14,8 por ciento en datos actualizados al presente año. La caída es estrepitosa porque se ha pasado a casi la mitad. Ahora bien, ¿qué razones llevan a una pareja a tomar la determinación de no dejar descendencia? El hecho de que haya menos niños en la sociedad hispalense fuerza a que el núcleo poblacional más grueso, el que va del lapso de los 16 a los 64 años, se haya visto incrementado exponencialmente. Al igual que sucede por toda España, y por ende, por distintos rincones de Andalucía,lo lo que Sevilla pierde en niños ante la falta de nacimientos, lo gana indefectiblemente en adultos. Ahora bien, lo hace a un precio demasiado caro: porque la población está cada año que pasa más y más envejecida y las familias ya no están dispuestas a tener hijos, o tener uno cuando hace décadas se tenían varios. O bien por lo económico o por mera preferencia. Los expertos llevan alertándolo desde hace tiempo. Atiende a ABC la experta Julia Espinosa, doctora en ciencias políticas y socióloga por la Complutense, quien reseña que «España tiene de las cifras de natalidad más bajas del mundo». Esta profesora que imparte clase en la Universidad de Sevilla alega que en la provincia hispalense se está haciendo patente la continuación de un patrón similar al plano nacional. «Las mujeres estamos incorporadas al mundo laboral y el hombre no está incorporado al mundo de los cuidados», refleja en primera instancia. Para Espinosa, «la falta de atención pública, la precariedad del mercado laboral y la inestabilidad de los contratos» hace que cada vez sea más frecuente ver a madres que prefirieron concebir mucho antes de lo que finalmente lo hicieron. «Y luego está la dificultad al problema de la vivienda», indica. «Eso va retardando a la hora de conformar una familia. Sevilla quiere tener niños, pero no siempre podemos . Lo dicen los datos. Tardamos más en ubicarnos en el mercado laboral porque nunca es fácil y a veces tiene un cariz profesional. La vivienda es un tema que se está cronificando a largo plazo», manifiesta. Sucede algo justo al contrario en lo que se refiere a los mayores, en un efecto que se explica prácticamente solo. Contabilizaba hace cuestión de 46 años la provincia sevillana y su principal ciudad un 9,3 por ciento de personas que contaban con 65 años como mínimo; esto es, la mitad de los 18,8 por ciento de personas del mismo perfil en una estadística que sigue poniendo en evidencia el envejecimiento sistemático de la población. A juicio de la socióloga, hoy «valoramos el desarrollo individual frente a la normatividad del mandato reproductivo: antes era muy penalizado no tener hijos y ahora no es un mandato social. La familia ha dejado de verse como un 'deber ser'», matiza. En lo que atañe a los nacimientos, matrimonios y defunciones, en unas cifras correspondientes a cada mil personas, la tónica sigue siendo la misma. El batacazo de los nacimientos se ve reflejado del 19,3 por ciento que lucía Sevilla en 1980 a un modestísimo 7,2 por ciento. La cosa no queda ahí, puesto que Sevilla ha visto reducido en el mismo lapso de tiempo el porcentaje de sus matrimonios, pasando del 6,4 por ciento al 4 por ciento, y ha aumentado el número de defunciones: de 7,4 por ciento a 8,4. Un punto que ayuda a comprender la falta de niños y el envejecimiento de una sociedad que no consigue ponerle freno. ¿Y el componente provincial? Responde a ello Espinosa, que insiste en que las preclaras diferencias entre dos índices de envejecimiento de Sevilla (130,6) y Jaén (170,5) lo explica invariablemente el factor rural. «En el cono urbano de Sevilla hay muchas más familias asentadas y desarrolladas, mientras que en Jaén, quien sale de los pueblos ya no vuelve. De ahí que la provincia jienense esté todavía más envejecida, porque ahí influye el entorno rural urbano», sentencia.