Perú ahonda en su crisis política permanente
Sufren los peruanos las interminables crisis políticas que se renuevan cada año o cada dos, cuando se destituye y surge un nuevo presidente. Han tenido nueve mandatarios en diez años y cada cual resulta peor que su antecesor. El último, José María Balcazar, de 83 años, elegido por el Congreso, tiene 15 denuncias fiscales en curso.
"Mi hija tiene cinco años y ya tuvo 4 presidentes" escribió un presentador de la televisión peruana en sus redes sociales para ironizar sobre la crisis política que vive en estos momentos Perú, donde la voluntad popular parece que no cuenta tanto, y es el Congreso de la República, con apetitos personales y partidarios, el que destituye, retiene o impone presidentes.
Hace dos días, en la última elección del Congreso para que reemplace al destituido José Jeri, los parlamentarios han impuesto como presidente a José María Balcazar, un congresista con 83 años y 15 investigaciones fiscales, que van desde apropiación ilícita hasta tráfico de influencias. Es más, en dos meses tiene una citación a juicio oral que, de no concurrir, podría ser declarado reo contumaz. En dos meses, en abril próximo, Perú tendrá elecciones presidenciales y en julio asumirá el mandatario que elegirán los peruanos democráticamente. Es decir Balcazar gobernará por 5 meses, Jerí duró sólo 4.
Una "tragedia"
La historiadora Carmen Mc Evoy describió el actual escenario político como una "tragedia" caracterizada por la falta de proyectos nacionales y la degradación moral. Y señala que esta elección de Balcázar como presidente por parte del Congreso es producto de un modelo donde el "Estado es un botín de guerra" que se reparte entre "aves de rapiña", en referencia a los congresistas. "No tienen ningún empacho en pensar en sus intereses personales y no en el bienestar común del Perú". Y agrega que esta tendencia ha llegado a niveles de "sinvergüencería" y "desfachatez" nunca vistos.
En efecto, se puede decir que en Perú se impone una dictadura desde el Parlamento. Desde hace más de una década el Congreso dominado por grupos de derecha deroga leyes e impone otras, elige a los miembros del Tribunal Constitucional, destituye a fiscales y aprueba leyes a favor de la minería ilegal y hasta del crimen organizado. Y, por si fuera poco, también de vez en cuando destituye a los presidentes e impone a otros, solo por cálculo político. Y siempre se equivoca.
Hay que decir también que en el Congreso peruano el 70% de los parlamentarios tiene antecedentes penales e investigaciones fiscales. No son los más idóneos para legislar, fiscalizar, menos elegir presidentes y muchísimo menos para asumir como tales. José Jerí, el último destituido que se convirtió en presidente por línea de sucesión constitucional, presidía el Congreso cuando fue destituida Dina Boluarte, exvicepresidenta de Pedro Castillo, pero Jerí ya tenía en curso varias investigaciones por delitos que iban desde enriquecimiento ilícito, tráfico de influencias, corrupción y hasta violación sexual.
Aún así, el Congreso lo impuso y, como era de esperarse, el exmandatario de 39 años, duró solo 4 meses, porque para no perder la costumbre, una vez instalado en Palacio de Gobierno, siguió haciendo de las suyas: reuniones clandestinas con empresarios chinos con denuncias, contrataciones indebidas a sus amigas con salarios altos, proyectos de ley sospechosos y cero medidas efectivas en la lucha contra la delincuencia, que es lo que más claman los peruanos. Para reemplazar a Jeri, el Congreso no aprendió la lección, volvió a elegir y otra vez se ha equivocado: colocó a un presidente con prontuario. Y en este caso ha ocurrido un hecho inédito.
La derecha presentó una candidata que había demostrado intolerancia y arbitrariedad cuando había sido presidenta del Parlamento. Y la izquierda presentó a un exjuez que había defendido a abusadores de menores y se había apropiado ilícitamente de las cuotas de abogados cuando había sido decano del Colegio de Abogados de la ciudad de Lambayeque, al norte del Perú. Y como el voto fue secreto, se presume que muchos congresistas de derecha apostaron por Balcazar a cambio de favores.
Y así, esta vez insólitamente, la izquierda impuso a su congresista candidato, del mismo partido del vacado Pedro Castillo, al que ofreció indultar.
El mito de Sífifo
"La tragedia es que todo es cálculo. Este todo es cuántos ministerios, qué cosa me toca a mí (...). El batallón del partido Perú Libre va a tener tres o cuatro meses para poder tomar por asalto lo que queda. Es un ciclo que termina, o sea, ellos inician este ciclo de rapacidad absoluta y ellos lo van a cerrar. Entonces es hasta simbólico lo que está expresando este momento político. Es ya de las fuerzas desatadas para lograr lo máximo de un Estado que ya está exangüe, pero que todavía tiene recursos que se siguen repartiendo", sostiene la historiadora Mc Evoy.
Ciertamente, desde hace casi una década Perú y sus sucesivas e interminables crisis políticas personifican el mito de Sísifo, ese personaje mitológico que fue castigado por los dioses y debía subir con gran esfuerzo a la cima de una montaña una gran roca, tan grande y tan inmensa como su propio peso, y que, una vez logrado su objetivo, debía volverla a tirar desde lo alto para de nuevo subirla y arrojarla otra vez, en un castigo eterno. Así de absurda e irremediable parece la situación política en el Perú, sumida en una crisis sin fin.
Hay presidentes que han elegido los peruanos y hay otros que ha impuesto el Congreso de la República, dominado por la derecha que lidera Keiko Fujimori, la hija del exdictador, Alberto Fujimori. Ella, cada cinco años, desde hace 20, no deja de postular a la presidencia y siempre pierde en segunda vuelta, pero logra instalar en el Parlamento una mayoría que no solo le hace la vida a cuadritos al jefe de Estado de turno, sino que se vale de su gran contingente de congresistas para sacar leyes a su favor y también sacar presidentes, retener a quien le sigue el juego político e imponer a otros.
Muchos le atribuyen a ella y a su partido Fuerza Popular el germen de esta crisis política interminable en Perú que ha llevado al país, además a una crisis institucional y de inseguridad desbordante debido al crimen organizado y las bandas de extorsionadores. En Perú ocurre un promedio de cinco homicidios al día.
Entre los últimos presidentes destituidos por el Parlamento peruano se cuenta a Pedro Castillo, elegido democráticamente en las urnas el 2021 y que debía gobernar hasta julio de este año. Debido a las denuncias por corrupción, el Congreso lo destituyó. Luego el Parlamento retuvo como mandataria a Dina Boluarte, la vicepresidenta de Castillo que asumió la presidencia automáticamente.
Ello, a pesar del rechazo de la mayoría de la población, que la consideraban una traidora, especialmente las regiones andinas de Ayacucho, Puno, Cusco, que se alzaron en varios días de protesta y exigieron su renuncia, pero fueron reprimidos brutalmente por la policía y las Fuerzas Armadas, con un saldo de 50 muertos con armas de fuego, entre ellos 7 menores de edad. Además de homicidio, las denuncias contra Boluarte siguieron por presunta corrupción, abandono de cargo, entre otros, y su aprobación llegó al suelo del 3%, pero siempre el Congreso archivaba las denuncias constitucionales en su contra.
Hasta que frente a la presión de la población fue destituida. Luego siguieron Jerí y Balcazar. Antes el Congreso también había destituido a Pedro Pablo Kuzcynski y a su sucesor interino Martin Vizcarra porque tenían denuncias por corrupción.
La esperanza o la luz al final de este largo túnel, que no le da estabilidad a un país donde cada gobierno cambia a sus ministros y jefes policiales y la corrupción e impunidad campean, son las próximas elecciones generales. Hay una campaña ciudadana denominada "#Por estos No" y es un llamado a los peruanos a no votar por los mismos partidos que están en el Parlamento ni reelegir a los congresistas que han manejado el destino político del Perú en los últimos años.
La historiadora Mc Evoy, que, en estos momentos de incertidumbre política en el Perú, es una de las voces más lúcidas, ha instado a Balcazar a centrarse en dos tareas fundamentales: asegurar una transferencia de poder limpia, ordenada y en paz en las próximas elecciones presidenciales y articular medidas de seguridad ciudadana ante la ola del crimen organizado que afecta a los ciudadanos.
"En abril, con nuestro voto, tenemos que castigar a los que están deshonrando Perú" invocó a través de Radio Programas del Perú ( RPP) la historiadora Mc Evoy, autora de "La utopía republicana: ideales y realidades en la formación de la cultura política peruana (1871-1919)".