Oliver Laxe comenzó la noche de los Goya desfilando por la alfombra roja reconociendo que jamás había visto una gala y la terminó deseando haberse perdido el final de esta. Porque los Goya empezaron el sábado bailando con 'Sirat' (se llevó seis galardones técnicos, cinco de ellos al inicio), pero terminaron el domingo consagrando a Alauda Ruiz de Azúa como triunfadora por, claro, ' Los domingos '. Se llevó los de mejor guion original, actriz de reparto, actriz protagonista, dirección y película. Alauda Ruiz de Azúa subió al escenario a celebrarlo y a reivindicar que solo tres mujeres habían ganado el premio a mejor dirección en cuarenta años: Isabel Coixet, Icíar Bollaín y Pilar Miró. La que se volvió a quedar de vacío, y es preocupante, es Carla Simón , que entre 'Alcarrás' y 'Romería' ha logrado 17 nominaciones y cero premios… Y una vez más, los Goya eligen como mejor película a una diferente a la que mandan a Hollywood. Había empezado la gala por Serrat, por eso de que estaban en Barcelona, con Rigoberta Bandini y Luis Tosar tratando de levantar 'Hoy puede ser un gran día'. Aunque lo que animó el arranque fue un vídeo de homenaje a las 40 ediciones que se celebraban, con nombres clásicos que son historia del cine español, de Garci a Trueba, de Concha Velasco a Jesús Vidal, con un momento destacado para José Luis Borau cuando en 1998 alzó las manos blancas para denunciar el asesinato de Miguel Ángel Blanco a manos de ETA y diciendo que nadie, bajo ninguna condición, podía matar a un hombre. Un mensaje que apenas un minuto después los presentadores recogieron para hablar de Palestina, de Israel, de Irán... Con la realización llenando la pantalla con un primer plano de la chapa de 'Free Palestine' en la solapa de Alberto San Juan. Lo habitual de unos Goya, vaya, que empezaron en febrero y terminaron ya de madrugada estrenando marzo. A mitad de la noche, cuando se llevaban entregados 14 de los 30 galardones y apenas cuatro de las ocho actuaciones programadas en la 'fiesta del cine español', cuando ya se había homenajeado a Marisa Paredes y a José Luis López Vázquez, a Alfredo Landa y a Carmen Maura, cuando íbamos por la mitad de la noche eterna de los Goya, decíamos, todo pintaba de cara para 'Sirat'. A esas alturas ya sumaba el premio a música original, montaje (momentazo cuando lo recogió Cristobal Fernández y se lo dedicó a su padre, que durante 30 años ha esculpido los cabezones), sonido y dirección de producción. Por lo demás, todo estaba más repartido que la Lotería de Navidad: 'Los tigres', 'El cautivo', 'Tardes de Soledad'... todos llevaban uno, incluso 'Los domingos', que por entonces solo contaba con el de actriz de reparto para Nagore Aranburu. Fernando Méndez-Leite, presidente de la Academia de Cine, dijo en ABC que habían pedido a los ganadores que fueran breves en el escenario y no trataran de salvar el mundo en cinco minutos ni agradecérselo «al fantasma de sus abuelitos». Y los premiados lo fueron cumpliendo. Un premio tras otro, discurso va, Goya viene; una actuación por aquí, una frase tópica por allá. En poco más de media hora se habían entregado seis 'cabezones' y le tocó el turno al propio Méndez-Leite, que echó un buen rato alabando el gran momento del cine español en el mundo. Tuvo tiempo hasta de reírse de sí mismo, cuando recordó que dirigió la gala del 2006, la del XX aniversario, también en Barcelona, que fue «un desastre»; luego aprovechó para hablar de Palestina, de las redadas contra inmigrantes en Estados Unidos, de la persecución contra las mujeres en Afganistá e Irán; de los bombardeos contra Ucrania… «Sé que no vamos a arreglar todo esto, pero las noticias de hoy mismo no invitan al optimismo», dijo. Total, que estuvo casi diez minutos hablando y le dio tiempo hasta de que se le quebrara la voz -« A ver si me va a dar un yuyu », dijo, emocionado- para poco después dar paso al Goya Internacional a Susan Sarandon. La estadounidense, ya lo saben, alabó a Pedro Sánchez y su «compromiso», así como el de los artistas españoles: «Me hacen sentir parte de una comunidad mayor», dijo Sarandon, que venía de la autodenominada 'Tierra de la libertad' aunque ella la definió como 'Tierra de represión'. La platea se caía, claro. La gala, es justo reconocerlo, fue de las mejores de los últimos años si la despojamos de lo incontrolable y miramos solo su estructura. Fue (casi) rápida, emotiva, se recordó a las leyendas de todos lados, se puso en valor lo hecho en cuarenta años con docenas de vídeos de los clásicos patrios. Y se homenajeó con el Goya de Honor a Gonzalo Suárez , figura inclasificable y un tipo de un humor salvaje que ha hecho todo en su vida, cine, literatura, crítica, teatro, boxeo, ojeador de futbolistas para Helenio Herrera… Y a sus 92 años dijo en la alfombra roja que el Goya de Honor está bien, pero que él lo que quiere es seguir haciendo películas. Sobre el escenario contó un cuento en el que decía que «Dios nos premia con los sueños y nos castiga con la realidad» y dejó una frase que ya es historia de los Goya: «Quita esto de aquí que me está estorbando», dando a María de Medeiros su 'cabezón'. A partir de ahí, ya fue todo volando. O eso parecía. Poco más de tres horas de gala, un récord, lo crean o no. 'La cena' se llevó, en esta noche de pedreas, el Goya a mejor vestuario, cuando ya se había sobrepasado la medianoche, y remataría después su fiesta con el de mejor guion adaptado. Otro premio cantado: mejor dirección novel para Eva Libertad por 'Sorda' . En ese momento, a los organizadores de los Goya les dio por ponerse musicales con Rigoberta Bandini cantando 'de todo corazón' a Oliver Laxe, que fue lo más raro (y peor) de la noche. Lo gafó . Hubo suerte porque justo después la rumba catalana y Bad Gyal firmaron una actuación que podría haber sido una apertura fantástica. Y, por fin, tras otro parón eterno, otra tanda final de premios: otro más, el tercero y definitivo, para 'Sorda' por su protagonista, Miriam Garlo, actriz revelación (sorpresa, porque se esperaba para Blanca Soroa por 'Los domingos'), y el último de los técnicos para 'Sirat', con dirección de arte. Llegó otro parón antes de los premios finales que confirmaron lo que todos esperaban con el premio a mejor actor para José Ramón Soroiz por su papel en 'Maspalomas' y el de mejor actriz para Patricia López Arnaiz por 'Los domingos'. Y sí, solo quedaban dos premios finales, los dos de 'Los domingos': mejor película y mejor dirección. Todos consagrados. Entre tanto, mucha política, claro. Aunque un Goya explica lo que pasa en esta gala mejor que nada: Toni Fernández Gabarre, vecino de la Cañada Real, ganó el premio a mejor actor revelación por 'Ciudad sin sueño', y a sus 15 años se lo dedicó a su familia que lo veía desde ese barrio abandonado de Madrid con un elocuente 'que vivan los Fernández'. No dijo nada más, no denunció nada. La 40 edición de los Goya ya es pasado. Y por fin es domingo.