Frente a la imagen tradicional de extensos paseos marítimos y arenales urbanizados que define gran parte de la Costa del Sol, la Playa de Maro, en la pedanía de Nerja, resiste como un bastión salvaje en el litoral oriental. Este enclave no es solo un destino de baño; se ha consolidado como la puerta de entrada a un ecosistema submarino protegido que le ha valido el reconocimiento oficioso de albergar las aguas más cristalinas de Andalucía , esquivando el modelo de turismo de masas predominante en otras zonas. La transparencia de sus aguas no es fruto de la casualidad, sino de la preservación de un equilibrio biológico y geológico. Bajo la superficie, las praderas de Posidonia Oceánica actúan como un pulmón y un filtro natural, reteniendo sedimentos y oxigenando el mar. A esto se suma la composición del sustrato: una mezcla de arena gruesa y guijarros que, a diferencia de la arena fina, impide que el agua se enturbie con el oleaje. Además, su ubicación geográfica, encajada entre acantilados y alejada de grandes desembocaduras urbanas, la protege de vertidos y sedimentos terrestres. Maro no es una playa aislada, sino una pieza fundamental del Paraje Natural Acantilados de Maro-Cerro Gordo. Esta franja de 12 kilómetros , que se extiende desde Nerja hasta el límite con la provincia de Granada, se caracteriza por abruptos acantilados que alcanzan los 75 metros de caída hacia el mar. Este relieve ha permitido la conservación de pequeñas calas de difícil acceso en estado casi virgen. El paisaje ofrece un contraste singular. Al descender hacia la costa, el visitante se encuentra con terrazas de cultivos tropicales, aguacates, mangos y papayas, que prosperan gracias al microclima subtropical de la zona, una muestra de la riqueza agrícola que convive con el entorno natural. La prohibición de la pesca industrial en esta área protegida y la excepcional visibilidad han convertido a Maro en un punto de referencia para el buceo y el snorkel . Sus fondos albergan especies como meros, doncellas, peces luna y el coral naranja (Astroides calycularis), una especie catalogada en peligro de extinción. Sin embargo, la actividad más demandada es la ruta en kayak hacia la cascada de Maro. Se trata de un salto de agua dulce de 15 metros que vierte directamente al mar desde el sistema de cuevas de Nerja, ofreciendo una de las imágenes más icónicas del litoral andaluz. El reconocimiento mediático, fue la mítica « Cala Chica » de la serie Verano Azul y figura habitualmente en rankings internacionales de guías como Lonely Planet, ha obligado a las administraciones a regular el flujo de visitantes para evitar el colapso. Durante la temporada alta, que abarca de junio a septiembre, el acceso en vehículo privado hasta la orilla está prohibido. Para garantizar la sostenibilidad del entorno, se ha habilitado un aparcamiento en la zona superior y un servicio de minibús lanzadera. A pesar de contar con servicios básicos como socorrismo y un chiringuito, las autoridades recomiendan planificar la visita a primera hora de la mañana, dada la alta ocupación que registra este espacio protegido en los meses de verano.