Quizá algunos de los asistentes al concierto inaugural del 25º Festival de Flamenco de Nueva York se sintieran -valga el juego de palabras- desconcertados. El ciclo que ha consolidado al flamenco en el calendario de la capital mundial de la cultura abría la celebración de un aniversario señalado sin taconeos, sin remolinos de rasgueo en la guitarra, sin palmeros, sin pañuelito de lunares. Al escenario del Elebash Recital Hall de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, a la sombra literal del Empire State, salió Rocío Márquez con un vestido negro y otros planes: un flamenco conceptual, experimental, complejo , ambicioso por crear lenguajes ajenos al arte tradicional. Para cuando ella se plantó en las tablas, allí ya estaba...
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