Una radiografía del parque automovilístico en España revela una situación preocupante que impacta directamente en la seguridad de nuestras carreteras. Según los datos analizados por la Asociación Española de Profesionales de la Automoción (ASEPA), la antigüedad media de los vehículos en circulación ha escalado hasta los 14,5 años, un factor que guarda una estrecha relación con la gravedad de los accidentes. Esta tendencia se ve confirmada por las estadísticas de la Dirección General de Tráfico donde se observa que la edad media de los vehículos implicados en siniestros con víctimas mortales fue de 12,8 años, lo que refleja que los modelos con más de una década de vida son los más vulnerables ante situaciones críticas en el asfalto. Desde el Círculo Neutral in Motion, plataforma que integra a las principales asociaciones de la industria como AEDIVE, ANFAC o Ganvam, se advierte de que este envejecimiento no solo compromete la integridad de los usuarios, sino que supone un lastre para la eficiencia medioambiental. Un vehículo de 20 años de antigüedad llega a emitir niveles de contaminación equivalentes a cinco vehículos nuevos que utilicen la misma tecnología y combustible. Esta realidad choca con el desarrollo de modelos mucho más sostenibles que el sector ya ha puesto en el mercado, desde eléctricos e híbridos hasta vehículos de hidrógeno o con combustibles alternativos, diseñados específicamente para minimizar el impacto en la calidad del aire y ofrecer mayores estándares de protección. La incorporación de sistemas avanzados de asistencia al conductor, (ADAS) marca una brecha tecnológica insalvable entre el parque antiguo y las nuevas matriculaciones. Desde julio de 2024, los modelos de nueva homologación en la Unión Europea incorporan obligatoriamente tecnologías como el frenado automático de emergencia, la detección de fatiga y el asistente de mantenimiento de carril, elementos que no están presentes en los vehículos de más de 12 años que protagonizan gran parte de los accidentes con víctimas. Para mitigar estos riesgos desde ASEPA afirman que resulta vital el mantenimiento riguroso y el paso por la Inspección Técnica de Vehículos (ITV), un trámite que, según las cifras de AECA-ITV, logra evitar anualmente más de 15.600 siniestros y cerca de 150 muertes, a pesar de que todavía el 30% de los conductores elude esta revisión obligatoria. Este desafío de seguridad se produce en un contexto de deterioro de las infraestructuras, donde más de la mitad de las carreteras gestionadas por el Estado y las comunidades autónomas presentan daños graves o muy graves según la Asociación Española de la Carretera. Con un coste de reparación estimado en 13.491 millones de euros y un ritmo de degradación del 8% anual en los últimos tres ejercicios, el estado de la red viaria dificulta la meta de alcanzar las cero víctimas para el año 2050. La industria insiste en que la protección de todos los usuarios depende de una estrategia integral que combine la renovación del parque, la inversión en infraestructuras seguras y campañas constantes de educación vial para concienciar sobre la importancia de circular en condiciones óptimas.