El ruido de los otros
Hay lugares donde el silencio no existe. No porque falten los sonidos, sino porque siempre hay una conversación en marcha, la de la vida ajena. En los entornos pequeños, aunque no solo en ellos, las historias viajan deprisa, cambian de forma y acaban pareciéndose poco a lo que realmente ocurrió. Basta una frase escuchada a medias, una decisión que alguien no entiende o una ausencia demasiado visible para que comience el relato.