La domesticación del Carnaval
A todos nos ha llegado algún globazo en carnavales. El primero que yo recibí vino con un morete en el brazo: era 1999, tenía seis años y había salido con mi familia en camioneta a mojar gente por las calles. Hoy poco disfruto de las mojazones, capaz por carácter de treintón o porque ya me ha pasado que un libro en mi mochila fue la víctima indefensa. En todo caso, ningún año me salvo de ser espumeado en la calle porque justamente el Carnaval es eso, una desaparición momentánea de las jerarquías sociales.
Para Mijail Bajtín, el Carnaval tiene la función social de aniquilar distancias, pensar un mundo al revés, mofarse del rey sin ser castigado, borrar los polos entre lo alto y lo bajo, entre lo sacro y profano. Aquí tenemos ejemplos claros de esta parodia del poder: en el ch’uta que satiriza las facciones de los patrones q’aras, en las coplas tarijeñas que se mofan de autoridades o en la diablada, donde los diablos bailan al lado del arcángel.
Ante esto, ha sido curioso ver que Rodrigo Paz haya hecho este tipo de mensajes con motivo del Carnaval: “Hoy día Oruro expresa la patria, nuestra diversidad, nuestra capacidad de unirnos a través de la cultura”. Si el Carnaval ha sido una manera de romper las jerarquías cabe preguntarnos qué papel juega el poder cuando entra en la fiesta de esa forma.
Sabemos que Paz ganó no por una adhesión política, sino por descarte (ante una izquierda desgastada y una derecha no representativa), y también tenemos claro que su principal desafío es salvar la economía. Sin embargo, teniendo en cuenta los pormenores de su triunfo, otro desafío silencioso es la construcción de su credibilidad ante el país.
Gran parte de su capital simbólico está en su blanquitud: al otro día de su posesión, TikTok se inundó de videos que lo mostraban con música clásica, resaltando su minimalismo con aires de realeza. Y a eso hoy se suman otros videos con la frase “Bolivia, país donde los que no votamos por Paz debemos defenderlo de esos cojudos que sí votaron por él”. Es decir, quienes votaron por Tuto en la segunda vuelta, hoy se sienten llamados a defender a Paz no por ideología, sino por un sesgo de blanquitud identitaria: es la jerarquía racial que no tiene ningún proyecto político más que no ver un indio en el poder.
Lea también: El abismo insondable de la vida moderna
Ante esto, Paz ha visto en el Carnaval una oportunidad para la construcción de su ethos: lo hemos visto en Oruro, Santa Cruz y Tarija, hablando de cultura, abrazando gente, jugando con agua. A nivel de imagen, se muestra como uno más del pueblo, habitando con tranquilidad esa suspensión de jerarquías (pero siempre ante la lente del TikTok). Y sus palabras resaltan que hay quienes buscan dividirnos (un enemigo) y que la cultura es aquello que nos une. Dados los bloqueos y paros recientes, es claro que el enemigo divisor del país seríamos quienes nos hemos manifestado en su contra debido al decreto 5503.
Creo que poner a los sectores populares como el enemigo divisor de la patria no es el mensaje más adecuado para legitimar su imagen, pero sí sé que usar los carnavales para hacerlo es una perversión de su sentido: Paz busca que la fiesta de la suspensión de jerarquías se convierta en confirmación del poder, quiere domesticar al Carnaval y volverlo propaganda.
Por supuesto que no es un gesto nuevo, cualquier estratega político que entienda medianamente el país haría cosas similares, lo hemos visto con Evo Morales recibiendo coplas en plena plaza Murillo o con Iván Arias tomando cerveza en el Gran Poder. No por nada, en más de una charla con amigos surgió la frase: si Doria Medina hubiera pasado preste, hace rato habría ganado las elecciones.
Al final, capaz nuestros carnavales están ya domesticados y alejados de su función social, hoy los vemos muchas veces perpetuando problemas estructurales como el racismo y el sexismo. Poco se habla, por ejemplo, del nivel de gentrificación del Carnaval de Oruro: ¿cuántos orureños realmente pueden costearse una gradería para su propio Carnaval?
*Es escritor y educador.
The post La domesticación del Carnaval appeared first on La Razón.