Masticar chicle es un gesto tan cotidiano que muchas veces pasa desapercibido. Lo hacemos para refrescar el aliento, calmar el hambre o reducir la ansiedad, pero según la nutricionista española Sandra Moñino, esta costumbre no es tan inocente como parece. En una reciente publicación en las plataformas digitales, la especialista asegura que «el chicle es uno de los alimentos más proinflamatorios que hay» y que su consumo habitual puede dificultar la pérdida de grasa o alterar la microbiota intestinal. Explica la experta que muchas personas creen que, al no tener calorías, los chicles son inofensivos. Sin embargo, su composición cuenta otra historia. «El principal ingrediente es un edulcorante, y después, plástico», afirma. Según su experiencia clínica, algunos pacientes que masticaban varios chicles al día notaban retención de grasa o problemas digestivos sin saber que esta rutina podía estar relacionada. Además, la nutricionista advierte que el chicle «alimenta a las bacterias malas del intestino», favoreciendo procesos inflamatorios. La ciencia, aunque reconoce algunos beneficios - como la reducción del estrés y la ansiedad al disminuir el cortisol - también empieza a mirar con lupa este hábito. Los chicles sin azúcar pueden ayudar a proteger la salud bucodental al estimular la producción de saliva y reducir la acidez tras las comidas, un efecto que previene la formación de caries, según respaldan entidades como la Asociación Dental Americana (ADA). Sin embargo, los hallazgos más recientes invitan a la moderación. Un estudio de 2025 de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) determinó que una sola pieza de chicle puede liberar entre cientos y miles de microplásticos en la saliva durante la masticación. Estas diminutas partículas, invisibles a simple vista, pueden ser ingeridas accidentalmente, convirtiendo al chicle en una fuente relevante de contaminación plástica interna. Los microplásticos, presentes también en utensilios de cocina, ropa o esponjas, se han asociado en investigaciones previas con efectos negativos sobre el metabolismo y la inflamación celular. A largo plazo, la exposición continua podría tener implicaciones en la salud digestiva y hormonal, aunque aún se necesitan más estudios para determinarlo con precisión. Los expertos coinciden en que masticar chicle de forma puntual no supone un riesgo grave para la mayoría de las personas, especialmente si se eligen opciones sin azúcar. Pero abusar de su consumo puede generar problemas mandibulares, digestivos o inflamatorios.